viernes, 7 de enero de 2011

El cardenal Biffi rompe otro tabú. Sobre Dossetti - Sandro Magister

El cardenal Biffi rompe otro tabú. Sobre Dossetti
Sandro Magister


Sobre un protagonista muy influyente del Vaticano II. Rechazado como teólogo y por la forma en que se comportó en ese entonces y después. "En él, el monje estaba presente en el político, y el político en el monje". Entre tanto, una nueva historia del Concilio...


ROMA, 3 de enero de 2011.– El historiador católico Roberto de Mattei ha dado recientemente a los diarios una nueva historia del Concilio Vaticano II que lleva a muchas discusiones, por el método que aplica y las conclusiones.

En cuanto al método, de Mattei se atiene estrictamente a los hechos históricos, al desarrollo del acontecimiento conciliar, porque – sostiene – los documentos del Concilio pueden ser comprendidos y juzgados sólo a la luz de las vicisitudes que los han producido.

En cuanto a las conclusiones, de Mattei saca provecho de la reconstrucción de tales vicisitudes que los documentos del Concilio Vaticano II están efectivamente aquí y allá en contraste con la doctrina anterior. Por eso pide al Papa actual que promueva "un profundo examen" de tales documentos, "para disipar las sombras y las dudas".

Al detenernos en la reconstrucción histórica llevada a cabo por de Mattei, impresiona el enorme influjo que algunos individuos y grupos han tenido en la determinación del desarrollo del Concilio y en la génesis de sus documentos.

Uno de los más influyentes ha sido seguramente el italiano Giuseppe Dossetti (1919-1996, ver foto), en su calidad de perito del cardenal Giacomo Lercaro, arzobispo de Boloña.

Antes de hacerse monje, Dossetti había estudiado derecho eclesiástico, había militado en la guerra partisana contra los fascistas y los alemanes, había participado en la redacción de la nueva Constitución italiana y había sido un político de primer nivel en el partido que gobernó la Italia de la posguerra, la Democracia Cristiana, donde sobresalía en el dominio de los mecanismos que controlaban las asambleas.

Como perito conciliar, Dossetti usufructuó sus habilidades. El 10 de noviembre de 1962, otro célebre perito, el teólogo dominico Marie-Dominique Chenu, anotó en su diario esta frase de Dossetti: "La batalla eficaz se juega en el procedimiento. Es siempre por esta vía que he vencido".

Su apogeo fue en 1963, en la segunda sesión del Concilio, cuando durante algunos meses Dossetti actuó de hecho como secretario de los cuatro cardenales "moderadores", uno de los cuales era Lercaro, convirtiéndose en el sostén de todo la estructura.

Era él quien debía escribir las cuestiones sobre las que los padres conciliares debían pronunciarse. El 16 de octubre de 1963, cuatro de esas cuestiones – sobre el tema de la colegialidad episcopal – fueron publicadas, inclusive antes de ser entregadas a los padres conciliares, en el diario boloñes "L'Avvenire d'Italia" dirigido por Raniero La Valle, amigo muy íntimo de Dossetti y Lercaro. Irritado, Pablo VI ordenó el retiro de las 3000 copias de este diario, que como cada mañana, estaban a punto de ser distribuidas gratuitamente a los padres conciliares.

También luego del Concilio Dossetti siguió ejerciendo una influencia profunda en la cultura católica no sólo italiana.

Es él quien dio vida – con algunos historiadores, seguidores suyos, el primero de los cuales fue Giuseppe Alberigo – a esa interpretación del Vaticano II que hasta el día de hoy ha tenido más fortuna en todo el mundo, condensada en cinco volúmenes de "Storia" traducidos en muchos idiomas.

No sólo eso. Dossetti fue para muchos también un gran inspirador de una visión conjunta teológica y política. Con un fuerte ascendiente entre el clero, entre los obispos y entre los católicos políticamente activos en la izquierda.

Pero mientras su manera de interpretar el Concilio Vaticano II está desde hace algún tiempo sometida a una crítica creciente – especialmente luego del memorable discurso del 22 de diciembre del 2005, dedicado a ello, de Benedicto XVI –, nadie, hasta hace pocas semanas, se había atrevido a poner en duda, con autoridad y en público, la solidez de su visión teológica.

Quien rompió el tabú ha sido el cardenal y teólogo Giacomo Biffi, quien desde 1984 al 2003 fue arzobispo de Boloña, la diócesis de Dossetti.

En la segunda edición de sus "Memorie e digressioni di un italiano cardinale [Memorias y disgresiones de un cardenal italiano]", publicada en el otoño pasado, Biffi le ha dedicado a Dossetti una veintena de páginas lacerantes.

En ellas puso al desnudo las graves insuficiencias de su teología, a partir del modo con el cual él actuó en el Concilio Vaticano II y en las décadas posteriores.

Aquí, a continuación, reproducimos los pasajes salientes de la crítica del cardenal Biffi a Dossetti y a los "dossettianos" de ayer y de hoy.


* * *


LA "TEOLOGÍA" DE DOSSETTI
Giacomo Biffi, "Memorie", segunda edición, 2010, pp. 485-493

Giuseppe Dossetti ha sido un auténtico hombre de Dios, un asceta ejemplar, un discípulo generoso del Señor que buscó consumir totalmente para él su única vida. Bajo este perfil, él permanece como un raro ejemplo de coherencia cristiana, un modelo precioso aunque no fácil de imitar.

¿Fue también un auténtico teólogo y un maestro confiable en la “sacra doctrina”?.

La cuestión no es simple, dada la compleja personalidad del protagonista, y requiere un discurso articulado. Me limitaré, al recordar alguna noticia útil, a formular algunas observaciones que se referirán antes que nada a la eclesiología, luego a la cristología y por último a la metodología propia e inderogable de la “sacra doctrina”.


UNA ECLESIOLOGÍA POLÍTICA

El 19 de noviembre de 1984, en una larga conversación con Leopoldo Elia y Pietro Scoppola, don Dossetti hizo correr algunas consideraciones que deben mantenernos en guardia. Sorpresivamente, él leyó su aporte al Concilio Vaticano II, a la luz de su participación en los trabajos de la [Asamblea Nacional] Constituyente [entre 1946 y 1948]: "En el momento decisivo, precisamente mi experiencia asamblearia ha puesto cabeza abajo los destinos del Concilio mismo". [...]

Más aún, en la misma circunstancia Dossetti se complace directamente en haber "llevado al Concilio – aún cuando no fue triunfante – una cierta eclesiología que era reflejo también de la experiencia política hecha". ¿Pero qué tipo de “eclesiología” podía brotar de tal inspiración y de estas premisas “mundanas”?.

“Aún cuando no fue triunfante”: este inciso, sumiso y un poco reticente, evoca con discreción el final de la actividad conciliar de don Giuseppe, y merece ser clarificada en su relevancia.

Él fue introducido en el juzgado de instrucción del Vaticano, con el título de experto personal del arzobispo de Boloña [Giacomo Lercaro]. El 12 de septiembre de 1963, el nuevo Papa, Pablo VI, comunicó su decisión de designar cuatro “moderadores”, en las personas de los cardenales Lercaro, Suenens, Döpfner y Agagianian, con la misión de presidir por turnos la asamblea conciliar por cuenta del Papa. Como se ve, era un encargo que cada uno de los designados habría debido ejercer solamente en forma individual.

Pero Lercaro persuadió a sus colegas para que aceptaran a don Dossetti como su secretario común, y con este nombramiento se configuró en la práctica una especie de “Consejo de los moderadores”, que termina cumpliendo en forma indebida una función muy diferente de la prevista y concebida, con una autoridad mucho más amplia que la pensada originariamente.

Es el momento de la máxima influencia de Dossetti, pero ella no podía durar. En el fondo, se trataba, de un arbitrario golpe de mano que alteraba la estructura legítimamente establecida. El Concilio ya tenía una secretaría general, presidida por el obispo Pericle Felici, quien no tardó en lamentarse de la situación irregular que se había creado.

Además, el activismo del secretario superpuesto y las tesis innovadoras propugnadas por él comenzaron a suscitar algunas inquietudes naturales. “Ese no es el puesto de don Dossetti”, fue el comentario del Papa. “Al final, – afirma el cardenal Suenens – a causa de la atmósfera hostil y por delicadeza hacia el Papa, don Dossetti se retiró espontáneamente, evitando una situación embarazosa”. [...]

Pero las aprensiones de Pablo VI no eran sólo de naturaleza procedimental y organizativa. Él sentía, con aguda percepción, su responsabilidad de salvaguardar en plenitud, si bien en cordial aceptación de la colegialidad episcopal, la verdad de fe del primado de Pedro y su total, incondicional y libre ejercicio. Esta es la razón que lo impulsa a proponer la famosa "Nota explicativa previa", en la que ofreció algunos criterios interpretativos inderogables de lectura y comprensión del capítulo III de la "Lumen gentium" (que también fue íntegramente acogida por él). Así tranquilizó a todos los padres sinodales y obtuvo la aprobación prácticamente unánime del documento en la votación del 21 de noviembre de 1964: 2151 "placet" y solamente 5 "non placet". Con su intervención directa y resuelta evitó el riesgo de posibles interpretaciones futuras contrarias a la doctrina tradicional. Con ello salvó el Concilio. [...]


UNA CRISTOLOGÍA QUE NO SE PUEDE PROPONER

A fines de octubre de 1991, Dossetti me llevó cortésmente a leer el discurso que le habían encargado por el centenario del nacimiento de Lercaro. "Examínelo, modifíquelo, agregue o quite con libertad", me dijo. Era ciertamente sincero: en ese momento hablaba el hombre de Dios y el presbítero fiel.

Lamentablemente, encontré efectivamente algo que no encajaba. Era la idea, presentada por Dossetti con fervor, que así como Jesús es el Salvador de los cristianos, del mismo modo la Torah, la ley mosaica, es también el camino hacia la salvación para los judíos. Esta aseveración estaba tomada de un autor alemán contemporáneo, y era grata para Dossetti, posiblemente porque entreveía la utilidad a los fines del diálogo judeo-cristiano.

Pero como primer responsable de la ortodoxia en mi Iglesia, jamás habría podido aceptar que se pusiera en duda la verdad revelada que Jesucristo es el único Salvador de todos. [...]

"Don Giuseppe, – le dije – ¿pero jamás ha leído las páginas de san Pablo y las narraciones de los Hechos de los Apóstoles?. ¿No le parece que en la primera comunidad cristiana el problema era directamente el contrario?. En esos días era indudable y firme que Jesús era el Redentor de los judíos; se discutía si acaso también los gentiles podrían ser plenamente alcanzados por su acción salvífica".

Entre otras cosas, – me decía entre mí – no hay que olvidar una pequeña frase de la Carta a los Romanos, en ese pasaje en el que dice que el Evangelio de Cristo “es potencia de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primero y luego del griego” (cfr. Rm 1, 16).

Dossetti no estaba acostumbrado a renunciar a ninguna de sus convicciones. Al final, aquí cedió frente a mi advertencia que, en este caso, lo interrumpiría y refutaría públicamente. Él se permitió pronunciar esta sola expresión: "No parece que sea conforme al pensamiento de san Pablo decir que el camino de la salvación para los cristianos es Cristo, y para los judíos es la Ley mosaica". No había nada de erróneo en esta frase, y yo no puse objeciones, aun cuando lo que yo habría preferido hubiera sido no insinuar siquiera una opinión teológicamente un tanto aberrante.

Este “incidente” me hizo reflexionar mucho y lo juzgué rápidamente como de extrema gravedad, aunque en ese momento no lo hablé con nadie. Toda alteración de la cristología compromete fatalmente toda la perspectiva de la “sacra doctrina”. En un hombre de fe y de sincera vida religiosa, como era don Dossetti, era verosímil que el desliz fuese consecuencia de una ambigua e inexacta impostación metodológica general.


DOS METAS, UNA SOLA TENSIÓN

“En Dosseti, el monje estaba presente en el político, y el político en el monje”. Esta breve expresión, enunciada por el profesor Achille Ardigò, quien durante cierto tiempo estuvo cerca de él y colaboró con él, recoge en una rápida síntesis una personalidad singular y compleja.

Quien ha estudiado la larga y multiforme experiencia, no puede reconocer la validez y la pertinencia de tales palabras. [...] La coexistencia, si no la identificación de los metas – la “política” y la “teológica” –, perseguidos simultáneamente por él y con el mismo compromiso, está en el origen de alguna lamentable confusión metodológica. Dossetti propuso sus intuiciones políticas con la misma intransigencia del teólogo que debe defender las verdades divinas; y elaboró sus perspectivas teológicas con la mirada puesta en finalidades “políticas”, que eran también de “política eclesiástica”.

Aquí está también el límite intrínseco de su pensamiento y de su enseñanza, porque la teología auténtica es esencialmente contemplación gratuita y llena de admiración del designio concebido por el Padre antes de todos los siglos para nuestra salvación y para nuestro verdadero bien. Sólo en ese designio se encuentran y se exploran las luces y los impulsos que podrán realmente ser útiles a la Esposa del Señor Jesús, la cual es peregrina en la historia.


LOS "TEÓLOGOS AUTODIDACTAS"

Dossetti tuvo una desventaja inicial: teológicamente, fue un autodidacta.

Alguien le preguntó una vez a santo Tomás de Aquino cuál era el mejor modo de adentrarse en la "sacra doctrina" y, en consecuencia, convertirse en un buen teólogo. Él respondió: ir a la escuela de un teólogo excelente, para así ejercitarse en el arte de la teología bajo la guía de un verdadero maestro; un maestro, añadió, como por ejemplo Alejandro de Hales. A primera vista, la respuesta sorprende un poco. [...] Y por el contrario, una vez más el Doctor Angélico revela su originalidad, su sabiduría, su conocimiento, tanto de la índole de la "sacra doctrina" como de la psicología humana. En concreto, él veía el riesgo no hipotético de los autodidactas: el de replegarse sobre sí mismos y de considerar fuente de la verdad las propias lecturas y la propia perspicacia; más específicamente, el riesgo de terminar complaciéndose en un saber incontrolado, e inclusive arribar a una eclesiología incongruente y a una cristología lagunosa.

Ha sido justamente el caso de don Giuseppe Dossetti, que en el aprendizaje de la “scientia Dei, Christi et Ecclesiae” no ha tenido maestros.

A quien le preguntaba de dónde había tomado sus ideas, sus perspectivas de renovación y sus propuestas de reforma, él bien habría podido responder (y no hacemos más que usar sus palabras): "de mi cabeza y del corazón".


LOS "TEÓLOGOS IMAGINARIOS"

Don Giuseppe cultivaba gran estima por don Divo Barsotti y había comenzado a implicarlo en su vida espiritual, más allá de su presencia activa dentro del mundo católico.

Pero Don Divo, que era un teólogo más que genial, auténtico y de sólida formación, se dio cuenta rápidamente de las lagunas y de las anomalías del pensamiento dossettiano. [...] Y me confió, al final de sus días, que estaba muy preocupado todavía por las influencias que la “teologia dossettiana” seguía ejerciendo en ciertas áreas de la cristiandad.

Debo decir que también yo me di cuenta que las aprensiones de don Barsotti no carecían de fundamento. En los ámbitos donde hoy se remiten a la herencia y a la inspiración de Dossetti no siempre encontramos la seriedad y la suficiente competencia, obligatorias cuando se discurre sobre argumentos que alcanzan a la “sacra doctrina” y a la vida de la Iglesia.

Justamente en el área declaradamente “dossettiana” nos encontramos casualmente a veces con algunos "teólogos imaginarios”, que en general son muy apreciados por los formadores de opinión mundanos, bastante desprovistos en esta materia, y encuentran fácil espacio en los medios de comunicación más conocidos.




__________

Sobre el libro del cual ha sido extraído este fragmento:


__________

Sobre el libro-entrevista póstumo de Dossetti, citado por el cardenal Biffi:


__________

El libro del profesor de Mattei:



Y una reseña crítica por parte del director del CESNUR, Centro Studi sulle Nuove Religioni:


__________

Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.







No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...