miércoles, 22 de diciembre de 2010

El cristianismo no debe buscar "sobrevivir", sino "expandirse” - Armando Puente

El cristianismo no debe buscar "sobrevivir", sino "expandirse”
Armando Puente


Madrid (España), 21 Dic. 10 (AICA).- El XII Congreso Católicos y Vida Pública, que se llevó a cabo en la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, los días 19, 20 y 21 de noviembre de 2010, finalizó con una llamada apremiante a la nueva evangelización.

Ni enrocarse ni ir a la defensiva. La mejor defensa es un buen ataque, y en nuestra época, ese ataque debe ser rápido, apremiante, y queda expresado sobre todo por la llamada a la nueva evangelización. En esa línea se clausuró el XII Congreso Católicos y Vida Pública, tanto en su manifiesto final, como en la intervención de Joaquín Navarro-Valls, actual presidente del Consejo Asesor de la Universidad Campus Bio-Médico de Roma y antiguo director de la Oficina de Prensa y Portavoz de la Santa Sede, de 1984 a 2006.

“Después de decenios, siglos, en los que los cristianos han luchado contra la ‘descristianización’, y en el contexto del neopaganismo actual, la fe no puede permanecer a la defensiva”. El cristianismo, afirmó Navarro-Valls, “ya no debe ser visto como una tradición que sobreguardar, sino como la perspectiva de una vida futura que hay que recrear”. La pregunta que hoy ha de interpelar a los creyentes no es “si el cristianismo sabrá sobrevivir”, sino si sabrá “expandirse de nuevo”.

En un mundo de relativismo y miedo a la vida, la principal fuerza del cristiano debe ser, según Navarro-Valls, la irradiación a través de su pensamiento y de su actuar, de su encuentro personal con Cristo. “Cuando el cristiano se comporta como cristiano convence siempre”. Pero eso no es automático: “es necesario e inevitable esforzarse por hacer verosímil lo verdadero”. En cualquier caso, no basta con predicar o defender sólo códigos morales o culturales. “A Dios puedo confiarle toda mi vida, a un código moral ni un solo día”, apuntó. Pidió a los poderes públicos “considerar la religión un derecho común indispensable para el bien de todos”.


Manifiesto final del Congreso

Como en años anteriores el Congreso Católicos y Vida Pública, concluyó con un manifiesto del que cabe destacar algunos párrafos:

"Dado el fuerte secularismo ambiente, nuestro testimonio ha de hacerse presente en el plano de las relaciones, del encuentro, en el diálogo que lleve a superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza”, entre laicidad y fe.

[…]

La recta laicidad ha de facilitar, en la presente situación de emergencia educativa y cultural, el desarrollo de una actividad educacional, al mismo tiempo evangelizadora y civilizatoria, que nos lleve a recuperar y legar a las nuevas generaciones “el sentido de lo sagrado” y ofrecerles como patrimonio fundamental “la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador y la comprensión común de las experiencias fundamentales del hombre como nacer, morir, vivir en una familia, y la referencia a una ley moral natural”.

De este modo podremos superar la antihumanista ruptura moderna y lograr la reconstrucción de una antropología sobre la que llevar a cabo una verdadera educación integral, que conduzca a una plena realización personal y comunitaria.

Hemos de afirmar una vez más el derecho fundamental de los padres a decidir el tipo de educación que han de recibir sus hijos y el estricto respeto que los poderes públicos han de guardar al legítimo pluralismo determinado por las diversas concepciones últimas de la persona, pluralismo densificado entre nosotros por la creciente intensa y variada inmigración y que debe traducirse en el enriquecimiento de las integradoras bases comunes de convivencia en cuya aceptación hemos de converger a partir de la experiencia humana elemental de necesidades, aspiraciones y deseos básicos radicales comunes en la que todos los hombres han de reconocerse justamente como hombres y como hermanos.


Contra la eutanasia

Uno de los que intervinieron en las últimas ponencias del Congreso fue Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia, previniendo que “una ley que regule la eutanasia autoriza a un médico a matar a un enfermo y -por tanto- viola el derecho a la vida”. Ante la intención del gobierno español de promulgar una ley sobre "el derecho a la muerte digna" no dudó en que se trata de una puerta a la eutanasia, “una ley profundamente injusta que quebraría aún más nuestra sociedad” y afirmó que “los católicos deben unirse para protestar y defender el derecho a la vida”.

También abogó por la familia como el único lugar donde defender la familia de una forma razonable y constató que existe una guerra cultural que divide a la sociedad en dos bandos.


Para salir de la crisis se necesitan más curas

"Para salir de la crisis, más curas", dijo el presidente del Instituto para las Obras de Religión del Vaticano, Ettore Gotti Tedeschi, durante años asesor y representante del Banco Santander en Italia, quien denunció su sospecha de que la deuda se ha utilizado en Occidente para mantener artificialmente el crecimiento, cuando faltaba el factor que realmente permite crecer: una natalidad que vaya más allá del reemplazo generacional.

“En los últimos 15 años el tipo de crecimiento se situó en torno al 3%, pero en realidad era de 0, porque si la población no crece no se puede dar un crecimiento real del PBI”, señaló.

Aunque ha pasado, en Europa y en los Estados Unidos hay diferencias: mientras que “en América se ha producido una nacionalización de la deuda privada, en Europa estamos privatizando la pública”. El peso, en este último caso, “cae sobre el ahorro, y no sabemos cuánto tiempo se podrá sostener”.

Dio credibilidad a las previsiones de que en 2030 Europa será una entidad económicamente irrelevante y será Asia la que tenga el dominio económico y financiero. "Otra cultura distinta dominará el mundo”, advirtió, una cultura que no comprende la existencia “de un Dios creador”.

Y cabe preguntarse: “¿cuál será el respeto a la dignidad de la persona en los próximos años?". “¿Cómo se puede pedir a un político, a un economista o a un banquero que actúen con responsabilidad si la vida no tiene sentido?”, añadió.

Así, a juicio de Gotti Tedeschi, el principal déficit es el de doctrina. “Los curas no han enseñado suficiente doctrina”, y para salir de la crisis “no necesitamos políticos, economistas, o banqueros, necesitamos curas”.




lunes, 20 de diciembre de 2010

Benedicto XVI alienta diálogo entre fe cristiana y ciencia en universidades

Benedicto XVI alienta diálogo entre fe cristiana y ciencia en universidades


VATICANO, 17 Dic. 10 (ACI).- Al presidir el rezo de las Vísperas ayer por la tarde con los universitarios romanos en su tradicional encuentro antes de Navidad, el Papa Benedicto XVI resaltó que es posible un diálogo fructífero entre la fe cristiana y los distintos saberes en las universidades, pues no se oponen sino que se complementan.

En la Basílica de San Pedro el Papa dijo que "a vosotros, universitarios, que recorréis el camino fascinante y trabajoso de la búsqueda y la elaboración cultural, el Verbo encarnado os pide que compartáis con él la paciencia de construir. Construir la existencia propia, la sociedad, no es una obra que puedan realizar mentes y corazones distraídos ni superficiales".

"En nuestros tiempos se siente la necesidad de una nueva clase de intelectuales capaces de interpretar las dinámicas sociales y culturales que no ofrezcan soluciones abstractas, sino concretas y realistas. La Universidad está llamada a desempeñar este papel insustituible y la Iglesia la sostiene convencida".

sábado, 4 de diciembre de 2010

Teólogos católicos deben amar a Dios y estar en comunión con la Iglesia, afirma Papa Benedicto XVI

Teólogos católicos deben amar a Dios y estar en comunión con la Iglesia, afirma Papa Benedicto XVI


VATICANO, 03 Dic. 10 (ACI).- Al recibir este mediodía a los miembros de la Comisión Teológica Internacional, que acaban de celebrar su sesión plenaria, el Papa Benedicto XVI resaltó que para desarrollar bien su trabajo los teólogos tienen que amar a Dios y estar siempre en comunión con la Iglesia.

En su discurso en italiano el Santo Padre señaló que "quien ha descubierto en Cristo el amor de Dios, insuflado por el Espíritu Santo en nuestros corazones, desea conocer mejor a Aquel por quien es amado y que ama. Conocimiento y amor se sostienen. Como han dicho los Padres de la Iglesia, quien ama a Dios está destinado a convertirse, en cierto sentido, en un teólogo, en alguien que habla con Dios, que piensa en Dios y busca pensar con Dios".

"Mientras que el trabajo profesional del teólogo es para algunos una vocación de gran responsabilidad ante Cristo y la Iglesia. Poder estudiar profesionalmente a Dios mismo es poderle hablar –dice Santo Tomás de Aquino– es un gran privilegio", continuó.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Homenaje a san Alberto Magno en Córdoba

Homenaje a san Alberto Magno en Córdoba


Córdoba, 12 Nov. 10 (AICA).- La Sociedad Internacional Tomás de Aquino (S.I.T.A.) -delegación Córdoba- celebrará el próximo lunes 15 de noviembre la fiesta de san Alberto Magno, con un encuentro que tendrá lugar en el Colegio San José, de las Hermanas Dominicas (Mariano Moreno 108, esquina 27 de Abril, Córdoba), en el horario de 18 a 20.

Comenzará con una serie de exposiciones en homenaje al santo a cargo del doctor Juan Gabriel Ravasi y el padre Gelonch Villarino IVE, entre otros, y concluirá con la misa.

La SITA quedó constituída en Córdoba el pasado 2 de mayo, durante una asamblea realizada en el marco de un Congreso sobre el Bicentenario Argentino.


Más información: sita-cba@viator.org.ar



jueves, 11 de noviembre de 2010

Laicismo y sana laicidad - Mario Caponnetto

Laicismo y sana laicidad
Mario Caponnetto


El próximo viernes 12 de Noviembre, a partir de las 20.30 hs., el Dr. Mario Caponnetto brindará una conferencia titulada "Laicismo y sana laicidad".

La misma se realizará en el Multiespacio Cultural "EL CAMINO", Av. Luro 4344 - 1º Piso de nuestra ciudad de Mar del Plata.

Cuenta con el auspicio del Instituto de Filosofía del Derecho (IFIDE) de la Universidad FASTA, del Ateneo Universitario Chesterton y de la comunidad “Fraternidad de Vida Nueva”.

El ingreso es libre de aranceles.

Para mayor información, pueden llamar por teléfono al (0223) 495-0465 ó (0223) 154-36-3298.


* * * * *


[*] Mario Caponnetto nació en Buenos Aires en 1939. Es médico por la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (1966) y médico Cardiólogo Universitario por la misma Universidad (1980). Hizo estudios de Filosofía en la Cátedra Privada de Filosofía del Dr. Jordán Bruno Genta, Buenos Aires, desde 1956 a 1974.

Pertenece a varias sociedades científicas del país y del exterior, entre ellas, la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (SITA). Ha ejercido y ejerce la docencia universitaria en las Universidades del Salvador y Austral, en Argentina, y en la Universidad Autónoma de Guadalajara (México). Ha dictado cursos regulares y seminarios de Ética, Bioética y Antropología Filosófica. Ha intervenido en congresos y pronunciado conferencias en distintos lugares del país y del exterior.

Es autor de varios libros y de numerosos artículos. Entre sus escritos pueden mencionarse:
+ El Hombre y la Medicina, Buenos Aires, 1992;
+ Viktor Frankl, una antropología médica, Buenos Aires, 1995.

Desde hace ya varios años se encuentra abocado a trabajar en la traducción de obras de Santo Tomás de Aquino, entre las que se destacan:
+ “De Spiritualibus Creaturis” (Las Creaturas Espirituales), Edición Bilingüe, 2005;
+ “Lecciones inaugurales. Rigans montes. Hic est liber”, Edición Bilingüe, 2007;
+ “De Magistro” (El Maestro), Buenos Aires, 2008.



miércoles, 27 de octubre de 2010

Jordán B. Genta - Trigésimo sexto aniversario de su martirio

Jordán B. Genta


1974 – 27 de octubre – 2010.
Trigésimo sexto aniversario de su martirio


Istorum est enim regnum caelorum, qui contempserunt vitam
mundi, et pervenerunt ad praemia regni, et laverunt stolas suas in
sanguine Agni (Breviarum Romanum)




martes, 26 de octubre de 2010

Autoritarismo - P. Jorge Loring

Autoritarismo
P. Jorge Loring, S.I.


Los enemigos de la Iglesia la insultan llamándola autoritaria, intransigente, fundamentalista, que no se acomoda a las ideas de los tiempos y es insensible a los gustos de la gente; por ejemplo en temas como las relaciones sexuales fuera del matrimonio, el aborto, la eutanasia, el divorcio, el matrimonio de homosexuales, los experimentos con embriones, etc.

Le ponen un calificativo negativo para desprestigiarla, en lugar de valorar su virtud de fidelidad.

La Iglesia es fiel al Evangelio y a Jesucristo. No se deja influir con las modas de los hombres. El adherirse a la verdad es una virtud, no un defecto.

A un profesor de matemáticas no se le llama intransigente por defender que 2 x 2 = 4, y rechazar que son 5, 7, 9, etc. Aunque en algunos pueblos se aceptara el canibalismo, no por eso la Iglesia podía aceptarlo.

Las modas pasan, la verdad permanece. Antes o después, la verdad se impone. El ser fiel a la verdad es una virtud, no un defecto.

La Iglesia es fiel al Evangelio y a Jesucristo aunque tenga que ir contra las ideas que se ponen de moda.



miércoles, 13 de octubre de 2010

Los ángeles - Mons. Miguel Antonio Barriola

Los ángeles
Mons. Miguel Antonio Barriola


Los “Arcángeles”, cuya festividad celebramos cada 29 de setiembre, nos brindan la oportunidad de alargar nuestra perspectiva espiritual, por lo común atrapada en lo inmediato, cuando no prisionera de preponderantes preocupaciones individualistas.

Los tres arcángeles llevan a Dios en la composición de su nombre: “Mi-ka-El” (¿Quién como Dios?), “Gibbor-El” (Héroe de Dios), “Refá-El” (Medicina de Dios).

Siendo inmensamente superiores a los hombres, se saben relativos totalmente a Dios, cosa que es patente especialmente en Miguel, ya que su nombre indica que nada ni nadie puede igualarse a Dios.

Tal actitud de grandeza, que, con todo, no se extralimita, la podemos comprobar en el último de los ángeles bíblicos, el que explica al vidente del Apocalipsis la aparición final de la Jerusalén Celestial: “Me postré a los pies del ángel que me había mostrado todo esto, para adorarlo. Pero él me dijo: ¡Cuidado! No lo hagas, porque yo soy tu compañero de servicio, el de tus hermanos los profetas y el de todos aquellos que conservan fielmente las palabras de este libro. ¡Es a Dios a quien debes adorar!” (Apoc 22,8-9).

Escena digna de ponderación: un ser clarísimamente por encima de todas las demás creaturas, dado que revela y explica cosas inalcanzables al más genial de los humanos, que no menos claramente se ubica como “compañero”, sin ambicionar un tributo que no le corresponde en modo alguno.

Desgraciadamente poco tenemos en cuenta a estos hermanos nuestros, tan excelsos y superiores, pero para nada engreídos, de modo que no se sienten rebajados al tener que servir a su Dios, no ya en el esplendor de su gloria celestial, sino unido a una naturaleza enormemente inferior a la de ellos, cual es la humana: “¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: «Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy»? Y al introducir a su primogénito en el mundo (1), Dios dice: «Que todos los ángeles lo adoren»” (Hebr 1,5-6).

En nuestra época hasta los teólogos tienen miedo de tratar sobre los ángeles. Parecen sospechar que dedicarles atención sería algo así como perderse en abstracciones o evadirse hacia un mundo de lo irreal y despreocuparse de los graves problemas que la sociedad tiene planteados.

Sin embargo, uno de los teólogos más preclaros de toda la historia, cuyos principales planteos y soluciones son considerados como perennes, Santo Tomás de Aquino, es llamado muy apropiadamente “El Doctor Angélico”, porque, en el entramado de su genial arquitectura doctrinal, su estudio sobre los ángeles no es un mero episodio accidental, ya que, si se prescindiera de sus cuestiones al respecto, se perdería un material absolutamente indispensable para comprender puntos básicos de su sistema (2).

Hoy, en cambio, se presta muy poca importancia a este dato de la fe, por múltiples causas. Quizás una de las más influyentes sea el exagerado antropocentrismo que invade todos los campos del saber. A fuerza de insistir tanto en el hombre, se cierran los ojos a todo lo que no sea el hombre mismo y sus intereses. Así es como se lanzan preguntas por el estilo: ¿Qué saca el hombre con que existan los ángeles? ¿Qué problema humano se puede resolver con base en la existencia de los ángeles? Son interrogantes que comienzan cuestionando y que muchas veces se resuelven negando o, por lo menos, dando cabida a una actitud de indiferencia, que se aproxima a la duda y el rechazo.


Aporte fundamental de Santo Tomás

Por cierto que el Aquinate no pensaba así. No sólo no le estorbaban los ángeles, sino que, al contrario, lo regocijaban. Pensar sobre estos seres superiores sólo con base en la utilidad para el hombre es incapacitarse de antemano para juzgar con acierto, porque levantar un poco la visión, a fin de no considerarnos el ombligo del mundo, nos vuelve más libres de nuestra miopía de tan cortos alcances. Así como el telescopio agiganta nuestra capacidad sensorial de visión, el poderoso lente de aumento de la fe nos sirve para que nunca olvidemos lo pigmeos que somos en el vasto universo de la creación entera.

El principal servicio que las criaturas prestan al hombre consiste en ayudarlo a conocer y amar más a Dios. Nunca será posible a nadie explorar exhaustivamente toda la variedad de lo creado. Para eso se dan las especialidades. Pero el peligro del especialista reside en el encerrarse en su reducido campo de observación, privándose de una visión global.

Así numerosas “teologías” tienden a prescindir de los ángeles, como se adelantó, como si éstos fueran sólo representaciones “míticas” o expresiones “simbólicas”, ya sea de fuerzas cósmicas, ya de intervenciones de Dios en la historia humana. Pero, entonces, también el mismo Dios es deformado, llegándose a hablar de “historia de Dios”, ya que a muchos les parece escandaloso un “Dios inmutable”, pétreo (según explican), sin “sentimientos”; presentando así una imagen de Dios antropomórfica.

En cambio una mirada en profundidad sobre los ángeles preservaría de estas deformaciones, porque un Dios creador de estos seres tan superiores no puede ser pensado a la medida del hombre, ni diluirse en la corriente de una historia humana. Por cierto que tampoco se puede pensar en un Dios a escala angélica, equiparable a los ángeles. Pero, si nos consideramos a nosotros mismos incluyendo también a los ángeles, recibimos un poderoso estímulo, encontrando un firme apoyo para transcendernos y pasar también más allá de los ángeles, liberándonos de nuevas formas del antropomorfismo, que suele ser la antesala de la idolatría.

El sentido de trascendencia despierta en el hombre una postura de adoración más plena, a la vez que se coloca en la actitud más adecuada para abrirse a Dios y acoger sus dones. Aquí está el fundamento para superar el historicismo y secularismo, hoy tan extendidos.


Aporte importante de los ángeles

Estos seres tan especiales han ayudado a pulir el concepto de creación de la nada. Ellos trazan, por así decir, la línea divisoria entre Creador y creatura en la tradición misma de la Iglesia.

En efecto, nos es difícil concebir la “creatio ex nihilo”, dado que nuestra experiencia siempre vive la procedencia de un ser a partir de otro, del que toma algo: los hijos provienen de la unión del padre y la madre, la planta de una semilla previa, el mueble de maderas y del trabajo del carpintero y así todo.

Pero, siendo los ángeles espirituales, sin componente material alguno, todo su ser ha de ser explicado sin referencia a un sustrato material previo.

Tal espiritualidad de los ángeles no siempre fue entendida correctamente. Con frecuencia se les atribuyó una cierta materia, sutil o etérea, para poder distinguirlos del espíritu totalmente inmaterial, que sería sólo Dios. Esta doctrina era enseñada en tiempos de Santo Tomás, quien, sin embargo, nunca la aceptó, enseñando con firmeza que los ángeles son espíritus puros, carentes del menor atisbo de materia, por muy sutil que se la suponga. Atribuyéndoles una inmaterialidad o espiritualidad total, se vio el santo en la necesidad de buscar una razón que diera cuenta de la finitud de estos seres, la raíz misma de su ser de creaturas, distintas, por tanto, del Dios Creador e increado. Porque muchos argüían contra el Aquinate que, si los ángeles eran del todo inmateriales, han de ser también enteramente simples y así, no serían ya más creaturas, quedando convertidos en dioses.

Para mostrar la ineficacia de tales razonamientos, propuso Tomás su doctrina de la distinción real entre la esencia y el ser. Este tema, fundamental en la enseñanza del santo, ha sido desarrollado por él, sobre todo, al tratar de los ángeles, los cuales vienen así a jugar un papel insustituible dentro de su misma filosofía. Dios es el único absolutamente simple, sin haber en ÉL tipo alguno de composición (3). Las criaturas jamás alcanzan la simplicidad de Dios y, por consiguiente, implican siempre alguna composición. Sólo que para explicar estos co-principios de los seres creados, no es necesario acudir en todos los casos a la materia, plasmada por la correspondiente forma. La composición originaria, la más profunda y propia de toda creatura es la de esencia y ser. Los ángeles, entonces, por tan perfectos, inmateriales y excelsos que sean, son igualmente seres compuestos, que han recibido su ser de otro, Dios. Son limitados por su naturaleza y no se identifican con el puro Ser.

Han sido, pues, los ángeles, quienes han obligado a indagar con mayor profundidad lo constitutivo de las creaturas. Con lo cual, de rechazo, se ilumina un tema capital acerca de lo específico de Dios. Los ángeles, pues, han significado una valiosa ayuda para que el hombre pudiera pensar a Dios como Dios.


Los ángeles y nuestra vida

Muy bien. Pero, ¿qué tendrán que ver estas exquisiteces metafísicas con la vida espiritual?

Por de pronto son una llamada de atención a la limitación de la mente humana, la cual, sin la revelación sobrenatural, jamás habría llegado a sondear el ser de Dios y el de las creaturas con tal fineza y exactitud, dentro siempre de la infinita distancia que nos separa del primero.

Los seres más independientes, no sujetos a la pesadez del cuerpo, la corrupción, la materia, no por eso son Dios. También ellos son compuestos, están limitados, lejos de la grosera cantidad, pero no por eso son autosuficientes, ya que llegaron a la existencia sobresaliente de su naturaleza, en dependencia de Alguien, que los creó. Con lo cual volvemos al comienzo de esta meditación: a ese “El” = “Dios”, con el que se arman los nombres de MiguEL, GabriEL y RafaEL. Uno es el gran luchador y vencedor de los ángeles rebeldes (Apoc 12,7-12). Pero no por ser más poderoso que “Satán” (de igual naturaleza ampliamente superior a la humana), sino porque, poseyendo atributos tan insignes, reconoce que también él es limitado, deudor del único Omnipotente. Su ser y actuar provienen del Ser Supremo y es necesario reconocerlo con humildad, como lo recuerda la Carta de Judas (v. 9): “El mismo arcángel (4) Miguel, cuando se enfrentaba con el Diablo y discutía sobre el cuerpo de Moisés (5), no se atrevió a proferir contra él ningún juicio injurioso, sino que dijo solamente: «Que el Señor te reprima»”.

El “Arcángel” se precia de dejar bien claro de dónde le viene su poder. Y esto es un rasgo sentido comúnmente en la Iglesia, dado que también lo destaca II Pedro 2,11 (si bien no está referido a ningún ángel en particular, sino en general a todos ellos): “Estos hombres audaces y arrogantes no tienen miedo de blasfemar contra los ángeles caídos, mientras que los ángeles superiores en fuerza y en poder no pronuncian ningún juicio injurioso contra ellos en presencia del Señor”. Es decir: aún frente a seres abominables, porque se han levantado contra Dios, los “ángeles superiores” dejan la sentencia al Señor de lo visible y lo invisible.

Los ángeles, pues, aunque por desgracia nos acordemos muy poco de ellos, son una lección constante y una advertencia acerca de cómo concebir y vivir la auténtica grandeza. Contra nuestro desordenado afán de figurar y de ponernos en el pedestal, aquellos, que por su naturaleza sublime, espiritual, libre de ataduras materiales, no necesitan abstraer para conocer, dado que intuyen claramente todo lo real, ellos nunca se aprovechan de su rango tan elevado, ni ponen por delante sus privilegios. Aceptan colocarse al servicio de seres harto inferiores, como lo somos todos nosotros. Ellos cantan sobre un establo maloliente de Belén, adorando al Hijo de Dios, el Verbo eterno, que no dice una palabra coherente, porque se ha vuelto un bebé llorón. Uno de ellos asiste al espectáculo deprimente (6) de ese mismo Hijo de Dios, que declaró sentir su alma triste hasta la muerte en Getsemaní.

Mucho nos pueden enseñar acerca de todo ministerio en la Iglesia, al respecto de los cuales podríamos preguntarnos: ¿Qué buscamos con ellos? ¿Servir a la gloria de Dios y al bien de nuestros hermanos o servir-nos de la posición apreciada y venerada por los fieles, para hacer sentir nuestra preeminencia y autoridad? Tales humos suelen colársenos solapadamente y puede que vana y mundanamente esperemos que se diga de nosotros, lo que “toda la tierra” proclamaba de la “Bestia de Mar” (7), en estricta contradicción con el nombre de Miguel: “¿Quién se le puede igualar y quién puede luchar contra ella?” (Apoc 13,4).





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Notas

1) O sea: en el momento de la “kénosis” o “vaciamiento” y humillación extrema del Hijo eterno de Dios (ver: Filip 2,6-11; Hebr 10,5-7).

2) Para lo que sigue resumimos y comentamos a: A. Bandera González, O. P., “TRATADO DE LOS ÁNGELES – Introducción a las cuestiones 50 a 64” en: Santo Tomás de Aquino, Suma de Teología – I Parte I, Madrid (1988), BAC, 489-498.

3) Summa Theologiae, I, q. 3. Ver, en cambio, ibid., q. 50, a. 2: “¿El ángel está o no compuesto a partir de la materia y la forma?”

4) Única vez que se da esta jerarquía a un ángel con nombre propio. El único otro lugar es: I Tes 4,16. Sólo que sin referencia a una individualidad en especial.

5) Toma el dato Judas de un apócrifo: “La Asunción de Moisés”.

6) Recuérdese el escándalo que esta escena provocaba, sobre todo en el mundo griego. Comparaban muchos enemigos del cristianismo naciente la serenidad de Sócrates, que antes de beber la mortal cicuta, se explaya en un sereno discurso sobre la inmortalidad, con estas angustias del “Salvador”, que pide ser eximido de aquel trago amargo: “Pase de mí este cáliz” (Mt 26,39.41).

7) El imperio romano.







jueves, 7 de octubre de 2010

Creo en la Santa Iglesia Católica, en la de ayer y en la actual - P. José María Iraburu

Creo en la Santa Iglesia Católica, en la de ayer y en la actual
P. José María Iraburu


Digámosle al cristiano que en algún punto de la enseñanza del Vaticano II no alcanza a ver su posible conciliación con anteriores enseñanzas de la misma Iglesia: «Primero de todo, usted afirme, confirme y firme todo lo que la Iglesia enseña. Y trate después de ayudar el acto intelectual de su razón-fe, pidiendo luz a Dios y discurriendo como pueda, para lograr la conciliación de dos enseñanzas que ahora se le muestran como contradictorias


Los documentos del sagrado Concilio Vaticano II han de ser íntegramente recibidos por todos los hijos de la Iglesia. El Concilio puede y debe ser interpretado en todos sus textos a la luz de la Tradición eclesial. Otra cosa es que cada uno de nosotros en todos y cada uno de los temas que trata sea capaz mentalmente de lograr esa homogénea continuidad de interpretación. Se comprende que alguno tenga dificultades para aceptar ciertos textos, si a su entender son contradictorios con anteriores enseñanzas de la Iglesia.

Sobre este problema, una primera afirmación. Bajo el auxilio de la gracia, nuestra fe nace y se mantiene porque le creemos a Dios y porque le creemos a la Iglesia, Mater et Magistra, que nos habla en su nombre. Y en este sentido, nuestra fe en la Iglesia es el fundamento de la fe que prestamos a todas las verdades de la doctrina católica. Por eso Santo Tomás hace notar que quien considera la enseñanza de la Iglesia regla infalible para la fe recibe incondicionalmente todo lo que ella enseña. Si negara una sola de sus enseñanzas, negaría con eso su fe en la Iglesia, y por tanto ya propiamente no tendría sobre las otras verdades católicas fe, sino opinión (Suma Teológica II-II, 5, 3).

Y sigo considerando el problema, esta vez recordando un caso concreto de grave conflicto mental.

Clemens Von Brentano escribe que la Beata Ana Catalina Emmerick, según ella le contó, "por espacio de mucho tiempo tuvo la costumbre de tratar con Dios de por qué no convierte a los grandes pecadores y por qué castiga eternamente a los que no se convierten. Decía a Dios, que no sabía cómo podía ser así, pues esto era contra su divina naturaleza; que convirtiéndolos ejercitaría su bondad, ya que nada le costaba convertir a los pecadores, los cuales estaban bajo su mano; que debía acordarse de lo que Él y su amado Hijo habían hecho por ellos, pues su Hijo había derramado su sangre y había dado su vida en la cruz; y de lo que Él mismo ha dicho en la Sagrada Escritura acerca de su bondad y misericordia y de las promesas que ha hecho. Si el Señor no es fiel a su palabra, ¿cómo puede pedir a los hombres que cumplan la suya?".

"El señor Lambert [su director espiritual, anciano sacerdote], a quien ella le dijo estas cosas, le repuso diciendo: 'Poco a poco, que vas demasiado lejos'. Después vio ella que eso debía ser así como Dios lo tiene dispuesto ".

El conflicto mental de la Beata es gravísimo. Téngase en cuenta que en su citado caso la aparente inconciliabilidad de verdades se produce nada menos que entre una Palabra divina y otra Palabra también divina. En la mente de la Beata Ana Catalina (ratio fide illustrata) el principio de contradicción le exige inexorablemente negar la posibilidad de un infierno eterno. Y ella consiguientemente, con toda humildad y reconociendo la extrema falibilidad de la mente humana, suspende el juicio en ese tema, aceptando sin más lo que Dios mismo enseña sobre el infierno y propone la Iglesia docente.

Sigamos el ejemplo del sacerdote Lambert. Y digámosle al cristiano que en algún punto de la enseñanza del Vaticano II no alcanza a ver su posible conciliación con anteriores enseñanzas de la misma Iglesia: "Primero de todo, usted afirme, confirme y firme todo lo que la Iglesia enseña. Y trate después de ayudar el acto intelectual de su razón-fe, pidiendo luz a Dios y discurriendo como pueda, para lograr la conciliación de dos enseñanzas que ahora se le muestran como contradictorias. Si con el favor de Dios usted solo o con ayudas de otros llega a hacerse posible ese acto de la mente, perfecto. Si no, tendrá que suspender el juicio, prohibiéndose pensar en ese tema, porque ya ve usted que no es capaz de pensar sobre esa cuestión según la enseñanza de la Iglesia. Está claro que usted no debe consentir en ningún pensamiento que niegue o ponga en duda la ortodoxia de una enseñanza unánimemente acordada en un Concilio. Y menos aún debe negar en público su veracidad".

"Creo en la santa Iglesia Católica" (artículo 9º del Credo). Ya sé que sobre este problema hay muchas obras escritas, algunas en varios tomos. Creo, sin embargo, que estas sencillas consideraciones son verdaderas, y que la fe que afirmo tiene fuerza para ayudar a resolver cualquier conflicto que impide el avance del ecumenismo hacia la perfecta unidad de la Iglesia en fe, caridad eclesial y obediencia. Antes de todo análisis de una doctrina de la Iglesia debe afirmarse la fe en la Iglesia, en la de ayer y en la actual.

Por el contrario, si se pretende situar en primer lugar "las cuestiones doctrinales" (sobre la presencia eucarística, la gracia y la libertad, el sacerdocio ministerial y el común, la libertad religiosa en los Estados, la posibilidad del infierno, los anticonceptivos, la ordenación sacerdotal de mujeres, etc.), se pone entonces el acuerdo doctrinal como "condición previa" para llegar a la plena comunión con la Iglesia actual, la de Benedicto XVI y del sagrado Concilio Vaticano II, ecuménico XX. Pero de ese modo se invierte el orden, y la fe en la Iglesia no es la causa de la fe que se presta a sus enseñanzas. El "creo en la Santa Iglesia Católica" debe afirmarse en primer lugar, incondicionalmente, ya que toda nuestra fe se apoya en la Roca de Pedro, que es infalible.




miércoles, 15 de septiembre de 2010

Un catedrático vaticano visitó la UCALP

Un catedrático vaticano visitó la UCALP


La Plata (Buenos Aires), 13 Set. 10 (AICA).- El rector de la Universidad Católica de La Plata (UCALP), doctor Rafael Breide Obeid, recibió el pasado jueves a monseñor Luis Romera, rector magnífico de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, de Roma, quien destacó el “prestigio” de la casa de altos estudios platense y agradeció poder haber conversado con los miembros de rectorado y con un grupo de profesores de “notable prestigio internacional”.

Tras visitar al rector por “el enorme trabajo que se está realizando”, el visitante dijo que “está convencido de que esta universidad esta llamada a desempeñar un papel muy importante en la Argentina y desde la Argentina a Latinoamérica y al mundo entero”.

Monseñor Romera opinó que “las universidades católicas tienen un doble rol esencial, que es primero la ‘fidelidad hacia la doctrina de Cristo, al Evangelio y por lo tanto a lo que es la vida, tradición y doctrina de la Iglesia, y fidelidad hacia el Evangelio’. Y, en segundo lugar, al diálogo con el mundo contemporáneo”.

El catedrático fue recibido por el rector de la UCALP y luego se reunió con los miembros del Consejo Superior.

Durante el encuentro se acordó acrecentar la colaboración entre ambas universidades y se firmó un convenio de mutua colaboración para el intercambio docente, para publicaciones académicas y para la investigación conjunta.

También se estableció una colaboración estrecha en el área humanística interdisciplinaria especialmente en Psicología, Ciencias de la Comunicación y las Humanidades propiamente dichas: Filosofía, Letras e Historia.

Monseñor Romera mantuvo, además, reuniones de intercambio académico con el claustro docente de la UCALP y ofreció una conferencia sobre “Pensar y creer: su sentido en una sociedad postmoderna”, en Aula 14 de la Facultad de Derecho.



viernes, 10 de septiembre de 2010

El Papa destaca contribución inteligente y sensible de las mujeres a la teología

El Papa destaca contribución inteligente y sensible de las mujeres a la teología


VATICANO, 08 Sep. 10 (ACI).- El Papa Benedicto XVI dedicó su catequesis de los miércoles a seguir reflexionando sobre la mística alemana Santa Hildegarda de Bingen y destacó la peculiar contribución de las mujeres a la teología en la historia.

El Santo Padre explicó desde el Aula Pablo VI que en aportes como los de Santa Hildegarda "vemos cómo la teología también puede recibir una contribución peculiar de las mujeres, porque son capaces de hablar de Dios y de los misterios de la fe con su inteligencia y sensibilidad propias".

En este sentido, alentó a "todas las que desarrollan este servicio a realizarlo con profundo espíritu eclesial, alimentando la propia reflexión con la oración y teniendo en cuenta la gran riqueza, aún en parte inexplorada, de la tradición mística medieval, sobre todo la representada por modelos luminosos como Hildegarda de Bingen".

Hablando sobre Santa Hildegarda de Bingen, el Pontífice recordó que "se distinguió por su santidad de vida y su sabiduría espiritual". Subrayó que las visiones místicas de las que gozó durante su vida, "eran ricas en contenido teológico. Hacen referencia a los principales acontecimientos de la historia de la salvación, y usan un lenguaje principalmente poético y simbólico. Por ejemplo, en su obra más famosa, titulada 'Scivias', es decir, 'Conoces las vías', resume en treinta y cinco visiones los eventos de la historia de la salvación, desde la creación del mundo al fin de los tiempos. En la parte central de su obra desarrolla el tema del matrimonio místico entre Dios y la humanidad realizado en la Encarnación".

Hablando de otros escritos de la santa, el Papa recordó " el "Liber vitae meritorum" (Libro de los méritos de la vida) y el "Liber divinorum operum" (Libro de las obras divinas), también llamado "De operatione Dei". En el primero, "subraya la profunda relación entre el hombre y Dios y nos recuerda que toda la creación, de la que el ser humano es la cumbre, recibe la vida de la Trinidad". En el segundo, "considerado por muchos su obra maestra, describe la creación en su relación con Dios y la centralidad del hombre, con un fuerte cristocentrismo de sabor bíblico-patrístico".

El Santo Padre señaló que Hildegarda "se ocupó de medicina y de ciencias naturales, así como de música. Para ella, toda la creación es una sinfonía del Espíritu Santo, que es en sí mismo alegría y júbilo".

"La popularidad de Hildegarda llevaba a muchas personas a consultarle cosas. Se dirigían a ella comunidades monásticas de hombres y mujeres, obispos y abades. Muchas de las respuestas siguen siendo válidas para nosotros", agregó.

El Santo Padre afirmó que "con la autoridad espiritual de la que estaba dotada, Hildegarda viajó en los últimos años de su vida. Todos la escuchaban con gusto, incluso cuando utilizaba un tono severo: la consideraban una mensajera enviada por Dios. Recordaba sobre todo a las comunidades monásticas y al clero que tenían que vivir en conformidad con su vocación".

"En particular, Hildegarda contrastó el movimiento de los cátaros alemanes. Los cátaros -que literalmente significa 'puros'-, propugnaban una reforma radical de la Iglesia, sobre todo para combatir los abusos del clero. Ella les reprendió con fuerza por querer subvertir la naturaleza misma de la Iglesia, recordándoles que una verdadera renovación de la comunidad eclesial no se consigue tanto con el cambio de las estructuras, como con un sincero espíritu de penitencia y un camino continuo de conversión. Este es un mensaje que nunca debemos olvidar".

"Invoquemos siempre al Espíritu Santo para que suscite en la Iglesia mujeres santas y valientes, como Santa Hildegarda de Bingen, que apreciando los dones recibidos de Dios, aporten su preciosa y peculiar contribución para el crecimiento espiritual de nuestras comunidades y de la Iglesia en nuestro tiempo", concluyó.



lunes, 6 de septiembre de 2010

Benedicto XVI: Santa Hildegarda de Bingen, poetisa y mística

Benedicto XVI: Santa Hildegarda de Bingen, poetisa y mística
En la Audiencia General


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 1 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la catequesis pronunciada por el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General celebrada hoy en la plaza frente al Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, con peregrinos venidos de todas partes del mundo.


* * * * *


Queridos hermanos y hermanas,

en 1988, con ocasión del Año Mariano, el Venerable Juan Pablo II escribió una Carta Apostólica titulada Mulieris dignitatem, tratando sobre el papel precioso que las mujeres han desempeñado y desempeñan en la vida de la Iglesia. “La Iglesia – se lee en la Carta – da las gracias por todas las manifestaciones del genio femenino que han tenido lugar a lo largo de la historia, en medio de todos los pueblos y en todas las naciones; da las gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo ha dado a las mujeres en la historia del pueblo de Dios, por todas las victorias que ésta debe a su fe, esperanza y caridad; da las gracias por todos los frutos de santidad femenina" (n. 31).

También en esos siglos de historia que nosotros habitualmente llamamos Edad Media, diversas figuras femeninas destacan por la santidad de su vida y la riqueza de sus enseñanzas. Hoy quisiera comenzar a presentaros a una de ellas: santa Hildegarda de Bingen, que vivió en Alemania en el siglo XII. Nació en 1098 en Renania, en Bermersheim, en los alrededores de Alzey, y murió en 1179, a la edad de 81 años, a pesar de la permanente fragilidad de su salud. Hildegarda pertenecía a una familia noble y numerosa y, desde su nacimiento, fue entregada por sus padres en voto al servicio de Dios. A los ocho años, para recibir una adecuada formación humana y cristiana, fue confiada a los cuidados de la maestra Jutta de Spanheim, que se había retirado en clausura en el monasterio benedictino de san Disibodo. Se fue formando un pequeño monasterio femenino de clausura, que seguía la Regla de san Benito. Hildegarda recibió el velo del obispo Otto de Bamberg y, en 1136, a la muerte de la madre Jutta, convertida en Superiora de la comunidad, las hermanas la llamaron a sucederla. Llevó a cabo esta tarea haciendo fructificar sus dotes de mujer culta, espiritualmente elevada y capaz de afrontar con competencia los aspectos organizativos de la vida claustral. Algún año después, también con motivo del creciente número de mujeres jóvenes que llamaban a las puertas del monasterio, Hildegarda fundó otra comunidad en Bingen, dedicada a san Ruperto, donde transcurrió el resto de su vida. El estilo con el que ejercía el ministerio de la autoridad es ejemplar para toda comunidad religiosa: éste suscitaba una sana emulación en la práctica del bien, tanto que, según los testimonios de la época, la madre y las hijas competían en amarse y en servirse mutuamente.

Ya en los años en los que era superiora del monasterio de san Disibodo, Hildegarda había empezado a dictar sus visiones místicas, que recibía desde hacía tiempo, a su consejero espiritual, el monje Volmar, y a su secretaria, una hermana a la que tenía mucha estima, Richardis de Strade. Como siempre sucede en la vida de los auténticos místicos, también Hildegarda quiso someterse a la autoridad de personas sabias para discernir el origen de sus visiones, temiendo que éstas fuesen fruto de ilusiones y que no viniesen de Dios. Se dirigió por ello a la persona que en sus tiempos gozaba de la máxima estima en la Iglesia: san Bernardo de Claraval, del que ya he hablado en algunas catequesis. Este tranquilizó y animó a Hildegarda. Pero en 1147 ella recibió otra aprobación importantísima. El papa Eugenio III, que presidía un sínodo en Tréveris, leyó un texto dictado por Hildegarda, que le había sido presentado por el arzobispo Enrique de Maguncia. El Papa autorizó a la mística a escribir sus visiones y a hablar en público. Desde aquel momento, el prestigio espiritual de Hildegarda creció cada vez más, tanto que sus contemporáneos le atribuyeron el título de "profetisa teutónica". Y esto, queridos amigos, es el sello de una experiencia auténtica del Espíritu Santo, fuente de todo carisma: la persona depositaria de dones sobrenaturales nunca presume de ello, no los ostenta, y sobre todo, muestra total obediencia a la autoridad eclesial. Todo don distribuido por el Espíritu Santo, de hecho, está destinado a la edificación de la Iglesia, y la Iglesia, a través de sus pastores, reconoce su autenticidad.

Hablaré de nuevo el próximo miércoles sobre esta gran mujer “profetisa”, que nos habla con gran actualidad también hoy a nosotros, con su valerosa capacidad de discernir los signos de los tiempos, con su amor por la creación, su medicina, su poesía, su música, que hoy está siendo reconstruida, su amor por Cristo y por su Iglesia, sufriente también en aquel tiempo, herida también en aquel tiempo por los pecados de los sacerdotes y de los laicos, y tanto más amada como cuerpo de Cristo. Así santa Hildegarda nos habla a nosotros; hablaremos aún el próximo miércoles. Gracias por vuestra atención.


[En español dijo]

“Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de la Diócesis de Bilbao, acompañado por el Obispo electo, Monseñor Mario Iceta, así como a los demás fieles provenientes de España, Chile, Argentina, México y otros países latinoamericanos.

Saludo, igualmente, a los participantes en el Tercer Congreso Latinoamericano de Jóvenes, que se celebrará próximamente en la ciudad de Los Teques, Venezuela. El encuentro, organizado por la Sección de Juventud del Consejo Episcopal Latinoamericano, se desarrollará bajo el lema: "Caminemos con Jesús para dar Vida a nuestros pueblos".

A todos los presentes en esa significativa iniciativa, los invito a poner sus ojos en Jesucristo, el Hijo de Dios vivo. Con su gracia, hallaréis la fuerza que impulsa a comprometerse con las causas que dignifican al hombre y hacen grandes a los pueblos.

Queridos jóvenes, que estos días de convivencia, oración y estudio os sirvan para encontraros personalmente con el Señor y escuchar su Palabra. No quedaréis defraudados, pues Él tiene para todos designios de amor y salvación. El Papa está a vuestro lado y os reitera su confianza, a la vez que pide a Dios que os asista para que, siendo auténticos discípulos de Jesucristo, viváis los valores del Evangelio, los transmitáis con valentía a los que os rodean y os inspiréis en ellos para construir un mundo más justo y reconciliado. Vale la pena entregarse a esta hermosa misión.

Que la Virgen María os acompañe en vuestro caminar y os recuerde siempre que no hay mayor felicidad que ser amigo de Cristo. Que os sea también de ayuda la Bendición Apostólica que os imparto con afecto. Muchas gracias”.



[Traducción del original italiano por Inma Álvarez © Libreria Editrice Vaticana]



jueves, 2 de septiembre de 2010

VII JORNADA DE PSICOLOGÍA CRISTIANA: “FAMILIA Y SEXUALIDAD”

VII JORNADA DE PSICOLOGÍA CRISTIANA
“FAMILIA Y SEXUALIDAD”


1º DE OCTUBRE DE 2010
DE 9 A 20 HS


Disertantes:
S.E.R. Mons. A. Baseotto
Ignacio Andereggen (UCA)
Mariana De Ruschi (UCA)
Zelmira Seligmann (UCA)
Pedro Andereggen (UCA)
Fernando García Diez (UCA)
Gabino Tabossi (UCA)
Andrea Piscicelli (U. FASTA)


UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA
“SANTA MARÍA DE LOS BUENOS AIRES”
AUDITORIO MONSEÑOR DERISI
Edificio Santo Tomás Moro
Alicia M. de Justo 1400
Buenos Aires – Argentina

Inscripción, el día de la Jornada.

Público en general $30
Estudiantes $20


Informes:
(011) 15 – 3463 – 9909



martes, 24 de agosto de 2010

¿Por qué hay que leer a Santo Tomás hoy?

¿Por qué hay que leer a Santo Tomás hoy?
Pbro. Dr. Ignacio Andereggen


Estimados:

Los invitamos a participar de la próxima Clase Magistral, a realizarse el jueves 26 de Agosto a partir de las 19.30 hs en el Centro Educativo FASTA, sito en Gascón 3145, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “¿Por qué hay que leer a Santo Tomás hoy?”, a cargo del Pbro. Dr. Ignacio Andereggen, en el marco del Seminario sobre “Fe y Razón” que dicta el Centro Pieper este año, bajo el lema: “Pasión por la verdad”.

Los interesados pueden inscribirse directamente en FASTA, unos minutos antes del inicio del encuentro.


Para mayor información, pueden llamar por teléfono al:
(0223) 495-0465 ó (0223) 154-36-3298.


* * * * *


Para conocer la programación completa del Seminario:


Para saber quién es el P. Ignacio Andereggen:


Para conocer la actividad del P. Andereggen el día Viernes 27:


Para conocer la actividad del P. Andereggen el día Sábado 28:
Por la mañana:


Para conocer la actividad del P. Andereggen el día Sábado 28:
Por la tarde:


Los esperamos.



miércoles, 18 de agosto de 2010

XXXV Semana Tomista: “Patria y Bien Común”

XXXV Semana Tomista: “Patria y Bien Común”


Buenos Aires, 16 Ago. 10 (AICA).- Con la participación de destacados intelectuales argentinos y extranjeros, la Sociedad Tomista Argentina realizará, entre los días 13 y 17 de septiembre, su XXXV Semana Tomista cuyo tema será “Patria y Bien Común. Reflexiones en el Bicentenario 2010-2016”.

La apertura, que estará a cargo del presidente de la Sociedad Tomista Argentina, monseñor doctor Gustavo E. Ponferrada, se efectuará el lunes 13 a las 16.30 en la Universidad Católica Argentina, auditorio Monseñor Derisi, (Alicia M. de Justo 1500). Ese primer día expondrán también monseñor Eduardo Taussig, obispo de San Rafael; el doctor Carlos Ignacio Massini Correas (Mendoza), el doctor Horacio Sánchez de Loria Parodi (Buenos Aires) y Fr. Marcos R. González, OP (Santa Fe).


Temas y expositores

El temario de las jornadas señala que el lunes 13, tras las palabras de apertura, monseñor Taussig hablará sobre “El tedéum y la Patria”; el doctor Carlos I. Massini expondrá sobre “La cuestión de la ley injusta de Tomás de Aquino”; monseñor Ponferrada reflexionará sobre “El Tomismo y la Patria”; el doctor Sánchez de Loria disertará sobre “La Patria en el pensamiento católico argentino del ochenta”, y el padre Marcos González OP hablará sobre “La Argentina y el Bien Común”.


Martes 14

El martes 14 habrá siete exposiciones que estarán a cargo de los siguientes relatores: Carlos G. Arnossi (Buenos Aires), “Bien común, laicidad y neutralidad”; Alberto R. Althaus (Santa Fe), “Aproximaciones a una definición de Bien Común”; María L. Lukac de Stier (Buenos Aires), “Pietas” patriótica: una virtud olvidada”; Ignacio E.M. Andereggen (Buenos Aires-Roma), “La Patria celestial”; Ángela García de Bertolacci (Buenos Aires), “La sabiduría de los gobernantes y el Bien Común de la República”; Héctor H. Hernández (San Nicolás), “Bien Común, Patria Argentina y Religión”; y Zelmira Seligmann (Buenos Aires)m “El sentido de la Patria y la relación con los padres”.


Miércoles 15

Los expositores y temas del miércoles 15 serán: María del Carmen Fernández (Buenos Aires), “La responsabilidad hacia el “otro”: fundamento del Bien Común”; María Ethel Kollar (Buenos Aires), “El Bien Común en Santo Tomás de Aquino y en San Agustín”; María C. Donadío Maggi de Gandolfi (Buenos Aires), “Patriotismo como factor de identidad cultural”; Juan C. Ossandón Valdés (Viña del Mar), “Supremacía del Bien Común”; José María Boetto (Córdoba), “El alma política y el alma del mundo en la doctrina filosófica ciceroniana”; José A. Carrascosa Fuentes (San Juan), “¿Qué significa ser patriota?”; y Ana A. Espósito (Buenos Aires), “La patria sólida y sociedad líquida”.


Jueves 16

Haydée M. Wimmers (Buenos Aires), “¿Es valiosa la identidad cultural de los pueblos para las generaciones futuras?”; Laura Daus-Hermes Puyau (Buenos Aires), “Qui multum non abundavit et qui modicum non minoravit” ; Roberto Bosca (Buenos Aires): “Virgilio y Homero. La piedad patriótica en tiempos de globalización”; Juan J. Sanguineti (Roma), “Patriotismo y universalidad”; Santiago Argüello (Mendoza), “Por un nacionalismo republicano”; y Héctor F. Ghiretti (Mendoza), “El fin del futuro: “Balance de siglo y medio” de Julio Irazusta”.

A las 19 se hará la presentación del libro de Alberto Berro (Buenos Aires), “La inteligencia como potencia intuitiva. Un estudio sobre Santo Tomás de Aquino.


Viernes 17

El último día expondrán: Celia Geminiani de Romaní (Buenos Aires), “Compromiso con la Patria terrena y la Patria celestial”; Guillermo Cambiasso (San Rafael), “Fundamentos de un orden constitucional”; Alejandro E. Bentivegna Sáenz (Viedma), “Personalis respublica”; Sandra Brandi de Portorrico (Buenos Aires), “Patria y Bien Común, en la visión de un tomista anglicano”; y Hugo Verdera (Buenos Aires), “El concepto de Patria en la visión del Angélico”.

La Semana Tomista concluirá a las 20 con la celebración de una santa misa.

Todas las sesiones comenzarán a las 16.30 y concluirán a las 20.30.

Informes:
martes y viernes de 16 a 19 en el Edificio Santo Tomás Moro, Alicia Moreau de Justo 1400, 4º piso, of. 429.
Teléfono: (011) 4338-0680. Fax (011) 4338-0791;
correo electrónico: STA@maggi.cyt.edu.ar ;


La Sociedad Tomista Argentina

Tiene existencia desde hace 60 años y está dirigida a promover los estudios filosóficos y teológicos sobre el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, con especial referencia a problemas contemporáneos y en diálogo efectivo con nuevas corrientes de pensamiento. La constituyen miembros titulares (socios), estudiantes y amigos, de distintos puntos del país. Además, mantiene un contacto fluido con personalidades e instituciones nacionales y del extranjero. Su lista general de correo asciende a unas ochocientas referencias.


Comisión Directiva

Presidente, monseñor doctor Gustavo Eloy Ponferrada; vicepresidente, presbítero doctor José Ignacio Ferro Terrén; secretaria, doctora María C. Donadío Maggi de Gandolfi; tesorera, doctora María L. Lukac de Stier.

Vocales: presbítero doctor Ignacio E. M. Andereggen, doctora Ángela García de Bertolacci, padre doctor Pablo C. Sicouly OP, y doctora Sandra Brandi de Portorrico.

Miembros del órgano de fiscalización: doctores Horacio Sánchez de Loria Parodi, Guillermo Romero y Hugo Verdera; y profesor Germán Masserdotti.

Asistentes de la Comisión Directiva, con funciones de Pro-secretario, licenciado Alejandro Bentivegna Sáenz, y Pro-tesorera, profesora Ana Aurora Espósito.

Vicepresidentes eméritos: doctor Juan A. Casaubon, y padre doctor Domingo P. Basso OP.


Las Semanas Tomistas

Una de las principales actividades de la Sociedad Tomista Argentina la constituye la Semana Tomista, en la que participan profesores e investigadores, socios de aquélla, amigos, graduados, jóvenes estudiantes y pensadores. Intervienen también intelectuales de Europa, Estados Unidos y América Latina. Se desarrolla durante el mes de septiembre de cada año y todas las contribuciones giran alrededor de un tema general, que puede ser abordado teológica o filosóficamente. Las exposiciones deben versar sobre un aspecto histórico o sistemático del tema en la obra de Santo Tomás de Aquino, o bien sobre una comparación de otro autor o corriente de pensamiento con aquél.




viernes, 6 de agosto de 2010

Perfil sacerdotal: Julio Meinvielle (1905-1973) - P. Carlos Miguel Buela

Perfil sacerdotal: Julio Meinvielle (1905-1973)
P. Carlos Miguel Buela


El 2 de Agosto se cumplieron 37 años del fallecimiento del P. Mienvielle. A él nuestro sencillo homenaje con la publicación de este artículo[1].


No resulta fácil escribir sobre la personalidad del Padre Julio Meinvielle y ello por tres motivos: Primero por la vastedad, diversidad y trascendencia de su pensamiento y de su accionar multifacéticos; segundo, porque todavía no hay nada escrito sobre su vida y su obra; tercero, porque aún no ha pasado el tiempo suficiente que haga posible la decantación de su obra faltando así la perspectiva histórica que se requiere para que pueda ser valorada en toda su dimensión. Además, por ser mi padre en Cristo (cf. 1 Cor. 4,15), resúltame particularmente difícil expresar de manera adecuada lo que él fue.

Con todo me atrevo a esbozar su perfil sacerdotal, desde mi peculiar punto de vista, con el deseo de que su ejemplo ilumine las mentes y los corazones de los que se están preparando para el sacerdocio, como antes me iluminó a mí, y los aliente a configurarse con Cristo para realizar la obra más divina entre las divinas como es la que realiza el sacerdocio católico.

El Padre Julio -como lo llamábamos- era hombre de principios y actuaba en total coherencia con ellos. De ahí ese “espíritu de príncipe” (Vg. Salmo 50,14) que enseñoreaba todos los aspectos de su vida y que es el fruto lógico de su admirable fidelidad a la gracia del Orden Sagrado. Poseía el hábito de los primeros principios tanto del orden natural como sobrenatural, y ello en grado eminente, no separadο indebidamente de los órdenes, ni yuxtaponiéndolos, ni entremezclándolos, sino uniéndolos de manera vital y con sentido jerarquizante, es decir, dando neta primacía a lo sobrenatural.

Su obra intelectual y apostólica, tan intensa y de una gama tan variada, encuentra su clave de bóveda y su razón de ser en aquella enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura” (Mt. 6, 33), que expresa de manera categórica la principalía de lo sobrenatural, la secundariedad de lo temporal y la unión jerarquizada de ambos órdenes en la subordinación de lo temporal a lo eterno.

Para lograr una aproximación más precisa a la rica personalidad del Padre -difícilmente encerrable en el marco de unas pocas páginas- enfocaré este esbozo desde cuatro puntos de vista, complementarios entre sí: su vida interior, su actividad intelectual, la disciplina de su vida, su trabajo pastoral. Como se trata más de una semblanza que de una biografía, sólo me ocuparé de los aspectos más salientes y que más me impresionaron, en especial cuando yo era seminarista.


SU VIDΑ ESPIRITUAL

-Sacerdote virtuoso. Hombre de principios, ante todo en lo espiritual, obraba de acuerdo con ellos. ¿Cuáles son esos principios sobrenaturales que ponen al hombre en contacto directo con Dios? Son principalmente las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad, virtudes en las que descollaba el Padre como quedará de manifiesto en estas páginas. A las que debemos agregar -además de las virtudes morales- los dones del Espíritu Santo gracias a los cuales un sacerdote virtuoso adquiere cierta “espontaneidad” en su vida sobrenatural, dones que llevan, como de la mano, al gozo de los “frutos del Espíritu Santo” (cf. Gal. 5, 22-23) y a los actos de las bienaventuranzas evangélicas (cf. Mt. 5, 3-10) que son el coronamiento -aquí, en la tierra- de toda la vida espiritual.

Meinvielle era un hombre vertical, un hombre de Dios, un hombre movido por Dios y por sus dones. La grandeza, la majestad, soberanía y trascendencia de Dios conculcadas por el proyecto de autonomía inmanentista que caracteriza el pensamiento moderno fue lo que lo llevó a luchar denodada y apasionadamente en pro de la filosofía perenne y de la cultura cristiana durante más de cuarenta años, sin otro temor que el santo temor de Dios. Toda la labor intelectual fue, en él, la expresión de su espíritu religioso. ¿No resplandece acaso en su producción literaria -más de una veintena de libros- el don de la sabiduría? Vivía Meinvielle para los demás, para aconsejar a los demás. ¡Cuántas personas de todo tipo desfilaban por su casa para pedirle consejo! Por otra parte la inquebrantable e invicta energía en la práctica de todas las virtudes, la intrepidez y la valentía frente a toda clase de poderosísimos enemigos, de peligros, de dificultades de todo tipo, el coraje de enfrentarse a los errores y desviaciones viniesen de quien viniesen y costase lo que costase -fama, tranquilidad, puestos, etc.- sólo puede explicarse por la acción del don de la fortaleza. Le oí decir una vez: “¡Aunque el Anticristo me aplaste la cabeza, con el último aliento de mi vida quiero confesar a Cristo!” Luchó con denuedo, sin dar ni pedir cuartel, contra los enemigos de Dios, de Cristo, de la Iglesia, de la Cristiandad, que desde el comienzo del cristianismo -pero con más intensidad desde hace cinco siglos- están llevando al mundo a la apostasía, denunciando documentadamente la infiltración de los mismos incluso dentro de la Iglesia con una clarividencia que no he conocido en ningún otro. No fue, por tanto, un “pastor mercenario” (cf. Jo. 10,12), ni “perro mudo” (cf. Is. 56,10).

Por lo que se ve, con cuánta verdad podemos decir de él que “buscó primero el Reino de Dios y su justicia” entendiendo acá la palabra “justicia” no meramente en el sentido jurídico de dar a cada uno lo suyo sino en el sentido bíblico de la justificación que viene de Dios y de la santidad que consiste en el cumplimiento de la ley divina[2]. “Buscad primero el Reino de Dios y la santidad”, como traduce el P. Francisco Castañeda.

Hay que entender ese “primero” en sentido cronológico y ontológico, para poder comprender la vida y la obra del Padre Julio. Quitemos ese “primero” y su vida y su obra carecerán de sentido. Sólo si entendemos lo que implica ordenar todo el ser, el sentir, el pensar y el proceder, primeramente, hacia Dios, esperado y amado sobrenaturalmente, podremos comprender cómo ha podido hacer tanto, con tan pocos medios, en tan poco tiempo y frente a tanta adversidad. Ese, por así decirlo, adentrarse en Dios, es lo que le permitió y le obligó luego a entregarse a los hombres.

Aquí ya estamos apuntando hacia otro aspecto de su vida espiritual: su constante preocupación por lo temporal, pero en tanto y en cuanto fuese ordenado u ordenable al “Reino de Dios”. No iba a lo político por lo político mismo, ni a lo económico o a lo social por lo económico o lo social; mucho menos se introducía en esos terrenos para llevar a Calvino, o a Marx, o a Freud. Iba allí para llevar a Cristo, para llevar la Verdad de Cristo, y sólo Cristo, es la solución total incluso para los problemas temporales ya que “no hay otro nombre dado a los hombres por el que seamos salvos” (Act. 4, 12) y esto vale tanto para los individuos como para los pueblos.

No conozco otro sacerdote que se haya ocupado tanto y tan ordenadamente -es decir con la debida subordinación- de los problemas económicos, sociales y políticos a la luz del Evangelio de Cristo y de la Doctrina Social de la Iglesia, como el P. Meinvielle. Hizo de ello un apostolado y no un motivo -y menos aún una excusa- para mundanizarse; “estaba en el mundo pero no era del mundo” (Jo. 17, 15), o, para mejor decir, por la fe que tenía, “el mundo no era digno de él” (Hebr. 11, 38). Hasta el cansancio, pοr activa y por pasiva, gritó que el gran problema del mundo moderno, “que muere por laicista y por ateο”[3], radica en que busca primero la añadidura, lo temporal, y así se queda sin lo eterno e incluso acaba por perder lo temporal.

-Sacerdote eucarístico. Otro rasgo saliente de su vida espiritual lo constituía su sólida devoción al Santo Sacrificio de la Misa. No por nada es el Santo Sacrificio, al decir de Santo Tomás, el “acto principal” del sacerdocio católico[4]. Era un gusto participar de la Santa Misa que cotidianamente celebraba con tanta piedad, cοn un tono uniforme -se puede decir que “semitonaba” la Misa- lo que le daba un profundo clima de unción. Visiblemente se podía apreciar que estaba “realizando algo sagrado”. Entendía que con la Misa se hacen milagros. La última vez que conversamos, antes del accidente que le costara la vida, le pedí consejo para ver qué camino deba seguir ya que me encontraba frente a una disyuntiva y no sabía cuál fuese la voluntad de Dios; luego de estar sopesando durante un rato los pro y los contras de ambas posibilidades y sin poder inclinarse por ninguna de las dos, me dijo: “Ofrece las Misas que tengas libres para saber cuál es la voluntad de Dios”. Confiaba ciegamente en la virtualidad del Sacrificio.

-Sacerdote mariano. La Santísima Virgen ocupó un lugar de privilegio en la catedral de su vida interior. Su relación con Ella era filial, tierna y profunda. Todo lo ponía en sus manos, especialmente los asuntos más arduos, encomendándose bajo su protección de una manera particular. Nos solía decir: “Queridos, hay que rezar el Rosario entero: los quince misterios”. Y él lo hacía. Era un placer verlo rezar paseando por la vereda de la calle Independencia al 1100, con las manos juntas atrás y colgando de ellas el Rosario, con la cabeza erguida y desafiante, como golpeando el suelo al caminar. El último mes de su vida, que lo pasó postrado en cama, como consecuencia de las muchas fracturas que sufrió al ser atropellado por un auto, sin poder mover más que el antebrazo derecho, se lo pasó desgranando las cuentas del Santo Rosario.

En cierta profundidad, durante un campamento con sus Scout en Mar del Plata, un grupo de ellos se estaba bañando y he aquí que en determinado momento se encontraron en una situación tal que no podían regresar a la orilla porque había mar de fondo. El Maestro Scout, Pablo Di Benedetto –“Pablito”, que luego sería sacerdote- se lanzó inmediatamente al mar para tratar de salvar a los chicos. Logró ir sacando a todos menos a uno porque ya se encontraba muy cansado, de modo que tanto él como el chico restante quedaron desamparados. Alertados los de la orilla avisaron al P. Julio y a otro sacerdote joven, actualmente obispo, y emplearon todos los medios a su alcance para salvarlos; uno de ellos ya se hundía. Humanamente estaba todo perdido. Fue entonces cuando se escuchó -imperiosa- la voz del P. Meinvielle: “Recemos a la Virgen para que los salve”. Todos se hincaron en la arena y rezaron un Ave María. La Virgen los escuchó porque los que se estaban ahogando encontraron un banco de arena y caminando salieron del mar. Así fue posible que “Pablito” se hiciera sacerdote realizando, durante su corta vida, un fecundo apostolado.

Su intenso amor a la Virgen María no se reducía al ámbito meramente personal. En una ocasión, siendo ya párroco, una secta protestante, provocativamente instaló una carpa en los límites de su parroquia para hacer proselitismo, y desde allí comenzaron a predicar diversos errores, incluyendo blasfemias sobre la Santísima Virgen. No contentos con eso, comenzaron a recorrer casa por casa, e incluso se instalaron en el atrio de la parroquia para allí repartir volantes, invitando a su culto. El Padre no podía tolerar que se blasfemara de Nuestra Señora, y mucho menos en el territorio de su jurisdicción. “Digno es de alabanza ser paciente en las injurias contra unο mismo -enseñaba S. Juan Crisóstomo-, pero disimular y tolerar las hechas contra Dios, sería en extremo impío”[5]. Y blasfemar de la Madre de Dios es doble pecadο porque se injuria a la Madre y a Dios. En fin, luego de algunos avisos disuasivos, tomó el Padre drásticas medidas... y los blasfemos desaparecieron.

-Sacerdote perseguido. En cuanto a los actos de las bienaventuranzas, que tratan “indudablemente de las virtudes heroicas”[6] y que son actos tan perfectos que hay que atribuirlos “más a los dones que a las virtudes”[7] bastará para nuestro propósito de bosquejar la semblanza espiritual del P. Meinvielle hacer mención de la octava bienaventuranza: “Bienaventurados lοs que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos seréis cuando los hombres por mi causa os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren con mentira toda suerte de mal contra vosotros. Alegraos y regocijaos entonces, porque es muy grande la recompensa que os aguarda en los cielos; del mismo modo persiguieron a los profetas que ha habido antes de vosotros” (Mt. 5, 10-12), ya que esta bienaventuranza “es una confirmación y manifestación de todas las precedentes”[8].

Nuestro Señor ya nos advirtió que “el discípulo no es mayor que el maestro. Si a mí me persiguieron, también lo harán con vosotros” (Jo. 15,20) y San Pablo: “Todos los que quieren vivir virtuosamente en Jesucristo, han de padecer persecución” (2 Tim.3, 12). Dos veces por lo menos lo llevaron preso injustamente; intentaron asesinarlo disparándole varios balazos; recibía múltiples amenazas anónimas, por escrito y telefónicamente; buscaron mil y una maneras para silenciarlo. Sin embargo no cejó en lo que entendía era misión. Conoció como pocos la “conspiración del silencio” que, al modo de nebuloso manto, pesó sobre él. Asimismo se intentó empañar su obra tratando de restarle brillo y densidad, ridiculizando la importancia y actualidad de la misma. Las calumnias que tuvo que soportar merecerían todo un artículo: los que no son “verdaderos israelitas” (Jo. 1, 47) lo llamaban “nazi”, aunque escribió un libro denunciando los errores del nacional-socialismo[9], también “antisemita” aunque condenó explícitamente el antisemitismo[10]; mientras otros afirmaban que sería judío porque no atacaba la Compañía de Jesús(!). Algunos lo tildaron de marxista solapadο, mientras que los marxistas intentaron hacerle un juicio por insania[11] porque veía “marxistas por todos lados”. Algunos católicos de inspiración liberal afirmaron que tenía una “mentalidad desaprensiva frente al derecho de la propiedad”; los comunistas decían que tenía una cosmovisión capitalista. Los progresistas lo trataron de “cerrado”, los inmovilistas le achacaron un “irenismo imprudente” y de no caracterizarse su escuela “por su combatividad, frente al progresismo”. Los que no quieren subordinar lo temporal a lo eterno lo llamaron “teologizante”, los que niegan la sana autonomía de lo temporal lo estigmatizaron como “economicista”, etc. Y muchas otras calumnias. Sé, circunstancialmente, que llegaron a calumniarlo con denuncias fundamentadas en fotos y grabaciones fraudulentas. Por todo comentario dijo: “La Virgen no va a permitir que triunfen”.

El P. Meinvielle fue, pues, incesantemente perseguido. Pero jamás perdió por ello la alegría. “Los que siembran entre lágrimas, cantando cosecharán” dice la Escritura (Salmo 126, 5). Amó la Cruz, las humillaciones, el oprobio, el desprecio porque seguía las huellas de Aquél que pasó por todo esο para salvarnos. Pudo decir con San Juan María Vianney: “Me dispuse a pedir el amor a la cruz y entonces fui feliz”.


SU VIDA INTELECTUAL

De vez en cuando iba a visitar al Padre solo o con algún otro seminarista. Vivía en la residencia del capellán de la Santa Casa de Ejercicios de Independencia y Salta, exactamente en el N° 1194 de la primera arteria. Pasando la puerta de la calle hay un zaguán con una entrada a la mitad, que da a una sala amplia usada como escritorio, despacho y sala de reuniones. Al fondo, un estante de unos ocho metros sobre la pared, colmado de libros, un escritorio grande también lleno de libros, sobre la derecha, en el alféizar de la ventana, el teléfono, varios sillones y sillas, en el medio una mesita, colgando del techo, una araña con tres o cuatro lamparitas, sobre la izquierda en un sillón doble solía encontrar al Padre estudiando, con la cabeza reclinada en un apoyabrazos del sillón y las piernas apoyadas en el otro. Una lámpara de brazo flexible le daba luz y, junto a él, una silla con varios libros, revistas, folletos, cartas, etc., que era su material de lectura inmediato. Ni bien empujaba la puerta del cuarto escuchaba un estentóreo: “¡Qué tal, doctor Buela!”, porque para el Padre todos los que estudiábamos teníamos algo de doctores; inmediatamente dejaba su lectura, se sentaba, estiraba el brazo y con sus largos dedos apagaba la luz de la lámpara. Comenzaba entonces la conversación que no sólo era interesante sino edificante, interrumpida varias veces por llamadas telefónicas, por el ingreso de no pocos pobres que acudían a él para recibir limosna, por curiosos que deseaban conocer la histórica Santa Casa, etc. Así hemos tenido la inmensa dicha de escuchar de sus labios las mejores y más esenciales lecciones de Teología, Filosofía y comentarios de la actualidad política nacional e internacional. ¡Esa fue su cátedra de todo momento!

Si fue “luz en esta Babel” que nos toca vivir -como me escribió un sacerdote, discípulo suyo -es porque estudió incansablemente, dedicando muchas horas del día a la ardua tarea de “leer adentro” -intus legere- de las cosas y de los acontecimientos. ¡Qué ejemplo era para nosotros, seminaristas, encontrar estudiando -siempre estudiando- a un sacerdote de sus quilates intelectuales y de su trayectoria y experiencia!

Con fruición saboreaba la Sagrada Escritura ilustrándose constantemente con la Palabra de Dios que era para él “tajante como espada de doble filo” (Hebr. 4, 12), la “espada del Espíritu” (Ef. 6,17) de la que es muy digno esgrimista.

Leía y releía Santo Tomás de Aquino, su maestro, a quien conocía perfectamente, considerándolo “la más grandiosa realización del pensamiento cristiano”[12] y que “aún en la profesión de verdades puramente naturales es una gracia”[13]. Sabía muy bien que “Santo Tomás iluminó más a la Iglesia que todos los doctores y en sus libros aprovecha más el hοmbre en un año que todo el resto de la vida en los demás”, como afirmó Juan XXII en su Bula de canonización del Doctor Angélico. Sabía también que, como enseña León XIII en su Encíclica Aeterni Patris, citando a Cayetano, “por haber venerado en gran manera a los antiguos Doctores sagrados, obtuvo de algún modo la inteligencia de todos”[14].

Llegó a ser una verdadera tradición “el grupo de la Suma” como se le llamaba al grupo de jóvenes que se reunían todas las semanas en la casa del P. Julio para estudiar con él la Suma Teológica. De estos grupos salieron grandes profesionales y dirigentes católicos de valer.

No puedo dejar de consignar algunas enseñanzas que el Padre repetía con respecto a Santo Tomás y que tanto bien me hicieron: “La sola lectura de Santo Tomás forma la inteligencia y le da estructura”, decía, pero también: “El error de muchos consiste en creer que con una sola lectura ya entienden a Santo Tomás y no es así”. Al tratado “De Deo Uno” le asignaba especial realce “porque es el paso a la trascendencia”.

La otra fuente inspiradora del P. Julio era el auténtico Magisterio eclesiástico de todos los tiempos. Así enseña: “A nosotros sólo nos corresponde la fidelidad más estricta al magisterio augusto de la Cátedra de Pedro”[15], y también: “El católico no se ha de dejar acomplejar (por el progresismo) sino que ha de mantener su fidelidad al magisterio de la Cátedra rοmana, porque ésta es la condición de la fidelidad auténtica a la fe de Cristo”[16]. Hace el elogio y ponderación del Magisterio de los Pontífices. Pareciera componer un himno cuando recuerda las grandes encíclicas católicas[17], por la importancia que les daba, por ejemplo, la “Mater et Magistra”[18], la “Pacem in terris”[19], la “Ecclesiam suam”[20], la “Populorum progressio”[21] ¡Cuántas veces le hemos oído decir: “En la doctrina, hay que seguir al Papa; en la vida, a los santos”[22].

Así, pues, su pensamiento se alimentó básicamente en las grandes fuentes de la cultura católica: en la palabra de Dios, en lo mejor de la Tradición -especialmente Santo Τοmás- y en el Magisterio de la Iglesia. Asimismo conocía perfectamente, por lectura directa, a los pensadores más importantes y a los teólogos más publicitados del momento. De la vastedad de su erudición habla elocuentemente la nutrida bibliografía que aduce en sus libros.

Quiero señalar, antes de terminar este capítulo, tres características que describen mejor la envergadura de su inteligencia.

-Inteligencia cristalina. Apasionadamente enamorado de la verdad huía de todo academicismo, de toda abstrusidad en el lenguaje, de toda inútil complejidad en la exposición de su pensamiento. Su estilo tiene sabor a Evangelio. Es simple, claro, profundo, preciso, propio de quien es poseído por la Simplísima Verdad y que no necesita de ningún rebuscado artificio para llamar la atención.

Lo mismo hay que decir del estilo de sus predicaciones que la feligresía seguía con atención porque “hablaba como quien tiene autoridad” (Mt. 7, 29) y no con la cantilena rutinaria del funcionario.

-Inteligencia discernidora. Propio es del “sabio” saber discernir. Al poseer en grado eminente el hábito de los primerοs principios del ser, toda la obra intelectual del P. Meinvielle no constituye sólo una vigorosa afirmación de la verdad sino también un franco rechazo del error, marcando de una manera tajante la oposición entre el ser y el no-ser, entre el sí y el no, entre el bien y el mal, entre la salνación y la perdición. De ahí el carácter polémico de buena parte de su obra en la cual no se contenta con defender arduamente las verdades de la Tradición católica, sino que ataca con la misma fuerza la tradición anticatólica en sus diversas variantes: el liberalismo[23], el sionismo[24], la masonería y sinarquía[25], el comunismo[26]. Denunció con vigor los errores sostenidos pοr Jacques Maritain[27], por Teilhard de Chardin[28], por Karl Rahner[29], y por otros.

Verdaderamente en él había echado raíz el principio de no contradicción: “lo que es, no puede al mismo tiempo y bajo el mismo respecto, no ser”, principio asumido y sacralizado por la enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo: “Usad este lenguaje: Sí, sí; no, no” (Mt. 5,37) y más aún por aquella otra: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo desparrama” (Lc.11,23).

Sin dejarse llevar por falsos complejos irenistas, actuó como verdadero sabio según la enseñanza del Doctor Común: “A un mismo sujeto pertenece aceptar uno de los contrarios y rechazar el otro; como sucede en la medicina, que sana y combate la enfermedad. Luego, así como propio del sabio es contemplar, principalmente, la verdad del primer principio y juzgar de las otras verdades, así también le es propio impugnar la falsedad contraria. Por boca de la Sabiduría (Prov.8,7) se señala convenientemente el doble oficio del sabio: exponer la verdad divina, verdad por antonomasia, a la que se refiere cuando dice: ’Mi boca pronuncia la verdad’, e impugnar el error contrario a la verdad, al que se refiere cuando dice: ’Y mis labios aborrecerán lo inicuo’[30].

Enemigo del error y enemigo de las medias tintas. Su espíritu tan recto experimentaba instintivamente repugnancia por la actitud de aquellos que mezclan desaprensivamente lo bueno y lo malo, o de los que quieren quedar bien con Dios y con el diablo, a los que graciosamente, con su voz estentórea y ceceante, llamaba “pasteleros”.

-Inteligencia arquitectónica. Es otra de las características que hay que señalar en la penetrante inteligencia del padre: era una mente ordenadora, que consideraba las parcialidades pero como ordenadas a un fin, unidas jerárquicamente dentro de un todo, lo que siempre le daba una visión del conjunto, totalizadora. A ello lo llevaba su amor a la verdad íntegra. Y así en toda su obra aparecen armoniosamente unidas: la Revelación y la razón, lo Sobrenatural y lo natural, la Teología y la filosofía, la gracia y la naturaleza, la Contemplación y la acción, lo Sagrado y lo profano, binas todas unidas en la preeminencia del primer término sobre el segundo.

Por eso Meinvielle se levanta como un gigante de coherencia frente a la monstruosidad de la herejía moderna del “alogismo”[31]. Esa coherencia es la que lo lleva, durante tantos años, a predicar “con ocasión o sin ellas” (2Tim.4,2), la necesidad de la Civilización Cristiana, de la Ciudad Católica, que es una consecuencia de la vida cristiana. Por esο su lucha contra el liberalismo que hace de Cristo uno más en la vida de las Naciones, con el progresismo que reduce su mensaje a un puro temporalismo horizontalista, contra el marxismo que considera a Cristo un enemigo de la humanidad.

Esa coherencia no sólo se deja advertir en su pensar orgánico, sino en toda su conducta. Vivía lo que pensaba, hacía lo que decía, afirmaba “desde los terrados” (Lc. 12,3) lo que sostenía en privado. A los seminaristas nos repetía: “No sólo hay que rezar y hay que ser de buena doctrina sino que, también, hay que actuar en consecuencia. Esas tres cosas son las que hacen a un buen sacerdote. No una, ni dos, sino las tres”.

Carecemos aún de la perspectiva necesaria para poder medir o evaluar la trascendencia de su obra intelectual, ni en relación con la restauración de la filosofía perenne, ni en relación con la teología de la civilización y la cultura, ni en orden a la cosmovisión católica de la historia, ni en orden a la Ciudad Católica, ni, sobre todo, con respecto a la defensa y al testimonio de la fe católica[32]. Todavía está fresca la tinta de sus trabajos, algunos de ellos inéditos, y aún no han despertado grandes discípulos -salvο honrosas excepciones-, ni sabemos los que tendrá en el futuro. Lo que sí sabemos es que su obra no ha muerto con él, y que, según la promesa divina hecha a los que temen a Dios, “poderosa será sobre la tierra la descendencia suya” (Salmo 111,2). El murió pero continúa predicando a través de sus libros que siempre estarán abiertos para quienes tengan sed de la verdad que no muere. No en vano suscita Dios semejantes hombres. Cuando, por la misericordia de Dios, cese la gran crisis doctrinal que sacude a la Iglesia en la hora presente, sin duda se le ha de dar el lugar que en justicia le corresponde y que hasta ahora se le ha negado así como “se convencerán de mentira los que le habían infamado”(Sab. 10,14).


SU DISCIPLINA DE VIDΑ

Como buen luchador, Meinvielle era disciplinado. Administraba su tiempo y sus fuerzas prudentemente. Organizaba racionalmente sus actividades, llevando una vida metódica, vivida con intensidad, sin perderse en banalidades. No era nada proclive ha ensoñaciones, o “cerebraciones”-esa especie de secreción de las inteligencias de los que no llegan a penetrar la esencia de las cosas-, o divagaciones pueriles, o a formalismos intranscendentes. Cuando algún visitante comenzaba a deslizarse por esos terrenos, sin ningún empacho le decía: “Bueno, querido, se te hace tarde”, y alargaba su mano para saludar al visitante.

Este aprovechamiento del tiempo, sin perder un minuto, era en él una ascesis y ayuda a explicarnos la prodigiosa actividad que desarrollaba. Era una ascesis cristiana porque nacía de la enseñanza del Apóstol que invita a aprovechar “lo mejor posible el tiempo presente” (Col.4,5) y, además porque estaba subordinada a la caridad ya que no dudaba en dejar de escribir un libro, o de rezar el breviario o el rosario, o interrumpía una conversación con una persona importante, para dar una limosna a los pobres, para responder alguna pregunta de cualquiera que solicitase algo, para contestar el teléfono. Nunca se negaba a recibir, a conversar con quien fuese.

En la conversación, luego de escuchar con atención el asunto que uno llevaba entre manos, directamente, sin floreos ni alambicamientos, daba su opinión o su consejo según el grado de certeza que le mereciera la cosa en cuestión: “Me parece...”, o “no me consta...” o “es así…”. Cuando la consulta era sobre un tema importante siempre fundaba su juicio sea en la Sagrada Escritura, o en el Magisterio de la Iglesia, o en alguna autoridad de peso, y lo hacía leyendo, o mejor, haciendo que unο leyese en voz alta el párrafo en que apoyaba su parecer. Por muchas que fuesen las preguntas que unο le hiciese siempre respondía de buen grado, pero brevemente. No sermoneaba. Cuando algo no lo sabía decía simplemente que no lo sabía. No era de los que presuponen saber todo, ni lo pretendía, ni le interesaba. Dicen que en música lo más importante son los silencios; lo mismo hay que decir de la conversación del Padre.

No veía televisión, ni cine, ni escuchaba radio salvo excepciones. El teléfono lo usaba abundantemente, pero era breve. Leía los diarios, un matutino y un vespertino, pero en la lectura demoraba unos pocos minutos. ¿De dónde obtenía entonces la profusa información que poseía? Creo que de la gran cantidad de personas importantes que lo visitaban y de la abundante correspondencia que recibía.

Temprano se acostaba y temprano se levantaba. Generalmente era a la mañana cuando escribía en su escritorio. La correspondencia la contestaba casi siempre el mismo día que la recibía, con pocas pero esenciales líneas[33].

Hacia el mediodía, cuando ya llevaba casi cinco hοras de trabajo, almorzaba frugalmente y luego hacía la siesta. A las 13.30 horas ya estaba nuevamente trabajando.

También era mortificado en el dormir y en el comer. Por ejemplo, en la parroquia de Versailles durmió durante años bajo la máquina de cine, sobre cojines y también sobre el suelo. Hacía ayunos de uno, tres, ocho días, y llegó a hacer unο de cuarenta días; él lo llamaba “dieta”. Hay muchos testigos de lo que digo.

¿Y todo para qué? Para mejor servir a Cristo y al prójimo. No tuvo ociosos los talentos que Dios le dio sino que, con la ayuda de su gracia, los hizo fructificar y fructificar con abundancia.

Como un soldadο que se dispone con energía para la misión que tiene que cumplir y no se deja llevar por la molicie, la debilidad, la abulia, sino que tensa todas sus fuerzas como las cuerdas de un violín para ser instrumento apto, así fue el P. Julio Meinvielle fiel instrumento en las manos de Dios y esforzado soldado de sus causas.


SU TRAΒAJO PASTORAL

Le escuché predicar en la primera Misa de un neo-sacerdote: “La regla de oro de la pastoral católica es: ‘Buscad primero el Reino y su justicia, todo lo demás se os dará por añadidura’ (Mt.6,33)”. Como en los otros órdenes de su intensa vida sacerdotal nos encontramos aquí de nuevo con esta enseñanza de Cristo que fue el “leit motiv” de toda su vida.

- El apostolado intelectual. Sin lugar a dudas el apostolado de la “iluminación de las inteligencias” constituyó la dedicación más sobresaliente del Padre. Es autor de más de 21 libros “que no morirán fácilmente”, como dijo el P. Leonardo Castellani en una conferencia. Colaborador de Criterio, Cruzada y Universitas (en sus primeras épocas), de Sol y Luna, La Fronda, Itinerarium, Ars, La Nueva República, Ortodoxia, Sapientia, Ulises, Anfiteatro, Verbo, Jauja, Azul y Blanco, Tiempo Político, Estudios Filosóficos y Teológicos, Cabildo, últimamente en MIKAEL (n° 2) y en sinnúmero de publicaciones extranjeras; fundador de periódicos: Nuestro Tiempo, Balcón, Presencia (1.945-1.956 y 1.962/3, n° especial 1.966), Diálogo (1954-55); fundador del Colegio de Estudios Universitarios; conferencista en Córdoba, Rosario, Corrientes, Concordia, Gualeguay, Curuzú-Cuatiá, Buenos Aires, Madrid, México, Santiago de Chile, etc.; director de innumerables grupos “Suma”. Su proficua correspondencia la desconocemos casi en absoluto.

En este orden la obra del P. Meinvielle es una gracia de Dios muy singular a su Iglesia y, en especial, a su Iglesia en Argentina. ¿Cuántos de sus velados críticos, que hacen gala de un cierto equilibrismo, han podido subsistir sin caer de lleno en el error porque estaban a la sombra de él, aún tomando de él cierta distancia? ¡Qué será ahora de nosotros si Dios no suscita a alguien que lo supla, alguien devorado por el celo de la casa de Dios! Alejado de nosotros este gigante de la doctrina, ¿cuánto se aumentará la audacia de los malos? ¿Quién acicateará la cobardía de los buenos?

-La cura de las almas. Porque el Meinvielle “autor” nο agota su dedicación pastoral. Conoció también la cura de las almas. En donde fuera párroco - Parroquia de Nuestra Señora de la Salud, Versailles- promovió de manera intensa la vida espiritual de sus fieles, sin descuidar lo temporal. Desarrolló allí lo que él llamaba “la pastoral de las puertas abiertas”. Todo el mundo podía entrar en su casa a cualquier hora prudente, no había “sancta sanctοrum”, es decir, lugares vedados. En más de una oportunidad nos repetía: “en la doctrina: hay que enseñar fielmente la de Nuestro Señor Jesucristo, sin ceder ni un ápice; en el apostolado: hay que ser lo más abierto posible, porque por todos murió Cristo en la Cruz”. Fundó allí, por primera vez en la Argentina, la Agrupación Scout que lleva el n° 1 y, luego, la Unión de Scout Católicos Argentinos de los que fue su primer Capellán Nacional. Con ellos se inició la costumbre de los campamentos de jóvenes católicos. También fundó en la Argentina el primer centro de la Juventud Obrera Católica de modo que el centro JOC de Versailles llevó también el n°1. Promovió las cuatro Ramas de la Acción Católica, las Conferencias Vicentinas y demás instituciones parroquiales.

Levantó un templo monumental como sede de su Parroquia de Versailles -en Bruselas y Marcos Sastre- que hizo exclamar al Cardenal Copello en la ceremonia de bendición: “¡Esto nο es una Iglesia, esto es una Catedral!”. Su preocupación por la salud moral y física de los jóvenes y de las familias lo llevó a fundar el Ateneo Popular de Versailles, calle Roma 950, del que fuera presidente hasta su muerte. En la actualidad cuenta con más de 7000 socios, de toda raza, credo y color, con más de 2000 metros cuadrados de superficie cubierta, provisto de cine, gimnasio cerrado con piso flotante, frontón de paleta cerrado, pileta de natación cubierta y con agua caliente, dos piletas de natación al aire libre, dos canchas de tenis, canchas de pelota al cesto, de básquet y voley, canchas de bochas, biblioteca, salón de juegos, tatáme para práctica de yudo y karate, quincho para asado, gran salón confitería, jardín de infantes, vestuarios de damas y de caballeros con duchas individuales, y un gran anexo en Dique Luján (Tigre) para la práctica de remo, natación y pesca. ¡Y pensar que comenzó con 450 pesos que pidió prestado a los vicentinos!

Así como hay que leer todos sus libros para conocer bien sus pensamientos, se requeriría ir a Versailles y hablar con la gente que lo conoció, ayudó y acompañó, ver el monumental Templo Parroquial, el no menos monumental Ateneo Popular, para conocer su vida. Obras así no se hacen con opiniones...

-La preocupación por los pobres. Es otro aspecto muy relevante de su vida apostólica. También en esto vivía de acuerdo con el Evangelio que nos enseña que Cristo mismo está en persona de los pobres (cf. Mt. 25,35ss). Su generosidad era proverbial: no había necesitado que se retirase con las manos vacías. Una de las primeras cosas que hacía a la mañana era ordenar sobre un alargue de su escritorio montoncitos de monedas para los pobres que venían a pedirle ayuda. Algunos de más confianza tomaban la limosna ellos mismo. Hasta esto era “jerárquico” porque no a todos daba lo mismo. En una ocasión en la que él había salido momentáneamente de su pieza un pobre se asomó a la puerta: yo le di un montoncito de monedas pero el pobre ni se movió. Cuando regresó el Padre le conté lo sucedido y con su risa característica me dijo: “Lo que pasa es que éste es un pobre de categoría”.Y le dio un billete.

Ayudaba absolutamente a todos, incluso a los que sabía que le estaban mintiendo o que estaban en el campo contrario. Su dicho era: “En rigor, hay que hacer el bien sin mirar a quién”. En un papel anotaba lo que prestaba y a quién y, al lado, a veces, escribía “que nunca me lo va a devolver”.

Yo mismo he visto, en una oportunidad, partir en tres partes el bife que le pasaban las religiosas y que él mismo hacía sobre una plancha eléctrica que había sobre el alféizar de la ventana del comedor: una parte era para un hombre cuyo nombre no recuerdo, otra para otro pobre, Don Juan, a quien por más de seis años dio la mitad de su propia comida, y la otra parte para él. Esto habla de su frugalidad en el comer, de generosidad en el dar, y de su misericordia por cuanto “partió su pan con el hambriento” (Is.58,6-7).

Merece una especial mención la ayuda desinteresada que brindó a tantos seminaristas y sacerdotes que fueron a estudiar a Europa a los que enviaba generosos giros. Esta fue otra de sus grandes preocupaciones: el aliento a las vocaciones incipientes, así como su desvelo por la sólida formación de los futuros sacerdotes.


***


Que la intercesión de este celoso párroco, sacerdote ejemplar, campeón de la fe, apologista de Cristo Rey, paladín de la Cristiandad, apóstol de los últimos tiempos que perseverando hasta el final, “amó la justicia y aborreció la iniquidad” (Salmo 44,8) haga florecer muchas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas para bien de la Iglesia y de la Patria. Υ, asimismo, que su ejemplo ilumine muchas vidas sacerdotales para que siempre “busquemos primero el Reino de Dios y la santidad” no poniendo obstáculo a la acción del Espíritu Santo en nosotros; para que hablemos el lenguaje de la verdad: sí, sí; nο, nο, que lo demás viene del Maligno, dando a todos “ejemplo de buena conducta en lo que se refiere a la pureza de doctrina, a la dignidad, a la enseñanza concreta e inobjetable”(Tito 2,7-8); para que marianicemos todo nuestro sacerdocio; para que sepamos también iluminar lo temporal con la luz de la doctrina de modo que Cristo reine en nuestra Patria; para que no temamos ser “signos de contradicción” (Lc 2,34 y passin) como lo fue Nuestro Señor; para que sólo y siempre busquemos la gloria de Dios porque si queremos “quedar bien con los hombres no seremos servidores de Cristo”(Gal.1,10); para que un día podamos decir como pudo hacerlo el querido Padre Julio Meinvielle: “He peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe”(2 Tim.4,7).

Quiero terminar estas líneas con un pensamiento del Padre Julio que caló muy hondo en mí tal vez porque lo pronunció en el sermón de mi primera Misa, en la Parroquia de San Bartolomé Apóstol: “estos poderes de enseñar y de santificar que ejerce el sacerdote sobre el Cuerpo Místico de Cristo, producen santos y han de producir santos; si no producen santos el sacerdote católico es estéril y como la higuera estéril del Evangelio no sirve sino para el fuego... Porque hoy, en esta humanidad seca y estéril, lo que hace falta son grandes santos..., hacen falta hombres de Dios, que nos hablen de Cristo, que es el Único que tiene palabras de vida eterna”.



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Notas:
[1] Artículo publicado en la revista Mikael, nº 9, tercer cuatrimestre de 1975.
[2] Mons. Dr. Juan Straubinger, en La Sagrada Biblia, por él anotada, Ed. Guadalupe IXº ed., T.V., Bs. As., 1958, p. 47.
[3] De Lamennais a Maritain, 2° ed., Ed. Theoria, Bs. As., 1967, p.9. Hay edición francesa, La Cité Catholique, Paris, 1953.
[4] Cf. Suma Teológica, Suppl. q.37, a.5.
[5] Citado por Julio Meinvielle, Pοlítica Argentina, 1949-1956, Ed. Trafac, Bs. As., 1956, p. 210.
[6] R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, 3° ed, Ed. Desclée, Bs. As., 1950, p. 1022.
[7] S. Tomás, Suma Teológica, I-II, q.70, a. 2 c.
[8] Ibid. q. 69, a. 3, ad 5.
[9] Entre la Iglesia y el Reich, Ed. Adsum, Bs. As., 1937.
[10] El judío en el misterio de la historia, 4° ed., Ed. Theoria, Bs. As., 1964, p. 41. De este libro hay una edición mexicana y otra francesa.
[11] También a Jesús lo tomaron por loco: cf. Mc 3,21; Jn 10,20.
[12] De la Cábala al Progresismo, Ed. Calchaquí, Salta, 1970, p.201.
[13] Ibid. p. 457.
[14] Textos citados en MIKAEL 5, 1974, p. 58.
[15] Conceptos fundamentales de Economía, 21 ed. Eudeba, Bs. As., 1973, p. 155.
[16] Un progresismo vergonzante, ed. Cruz y Fierro, Bs. As., 1967, p. 43.
[17] Ver por ejemplo, La Iglesia y el Mundo Moderno, Ed. Theoría, Bs. As., 1966, pp. 265-275.
[18] Apéndice de su libro El Comunismo en la Revolución anticristiana; 2° ed., Ed. Theoría, Bs. As., 1964. (Hay 3° ed., Cruz y Fierro Ed., Bs. As., 1974, que no incluye ese apéndice).
[19] Pacem in terris. Prólogos y comentarios del P. Julio Meinvielle, Ed. Dalia, Bs. As., 1963.
[20] La Ecclesiam suam y el progresismo cristiano, Ed. nuevo Orden, Bs. As., 1964.
[21] En Presencia en la hora actual, Ed. Cruz y Fierro, Bs. As., 1967, pp. 46-48.
[22] Cf. La política actual en torno a la idea de Cristiandad, Ed. Patria Grande, Bs. As., 1972.
[23] Cf. Concepción catόlica de la Política, 3° ed., Ed. Theoría, Bs. As., 1961. (La 4° ed. salió en 1974 por Ed. Dictio).
[24] Cf. El judío en el misterio de la historia, citado en nota 9.
[25] Hizo traducir al castellano las obras de Pièrre Virion, El gobierno mundial y la Contra-Iglesia, Ed. Cruz y Fierro, Bs. As., 1965; así como La Masonería dentro de la Iglesia, E. Cruz y Fierro, Bs. As., 1968, prólogos y apéndices del P. J. Meinvielle.
[26] Cf. El Comunismo en la Revolución anticristiana, citado en nota 17; El poder destructivo de la dialéctica marxista, ed. Theoría, Bs. As., 1962; El comunismo en la Argentina, Ed. Dictio, Bs. As., 1974.
[27] Cf. De Lamennais a Maritain, ya citado; Correspondance avec le R. P. Garrigou Lagrange à propos de Lamennais et Maritain, Nuestro Tiempo, Bs. As., 1947; respuesta a dos cartas de Maritain al R. P. Garrigou-Lagrange O.P., con el texto de las mismas, Nuestro Tiempo, Bs. As., 1948; Crítica de la concepción de Maritain sobre la persona humana, Nuestro Tiempo, Bs. As., 1948.
[28] Cf. La Cosmovisión de Teilhard de Chardin, Ed. Cruzada, Bs. As., 1960; y Theilard de Chardin o la Religión de la Evolución, Ed. Theoría, Bs. As., 1965.
[29] Sobre este autor preparó una obra inédita hasta el momento, fuera de numerosos artículos ya publicados.
[30] Contra Gentes, 1. 1, cap. 1.
[31] Cf. Hilaire Belloc, Las grandes herejías, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1966, pp.24.
[32] Además de las obras ya citadas hay que tener presente: Concepción católica de la Economía, Ed. Cursos de Cultura Católica, Bs. As., 1936; ¿Qué saldrá de la España que sangra?, Talleres San Pablo, Bs. As., 1937; Un juicio católico sobre los problemas nuevos de la política, Gaudium, Bs. As., 1937; Los tres pueblos bíblicos en su lucha por la dominación del mundo, 2° ed., Ed. Dictio, Bs. As., 1974; Hacia la Cristiandad, Adsum, Bs. As., 1940.
[33] A modo de típico ejemplo, he aquí su respuesta epistolar a una pregunta que desde el Seminario de Rosario le hiciera con respecto al problema de la realidad e integridad del cuerpo resucitado de Nuestro Señor Jesucristo:
«Buenos Aires, mayo 16.70.
Querido Carlos Buela:
Todo este asunto está estudiado por Santo Tomás en III, 54, 3. El asunto es de fe. Cristo ha resucitado con un cuerpo íntegro y palpable, Lc 24, 39; Spiritus carnem et ossa non habet, sicut me videtis habere. Y la negación de la integridad del cuerpo glorioso constituye la herejía de Eutiches.
Este asunto lo puedes estudiar en la parte pertinente de la dogmática;
También puedes leer en el “Dict. De Théol. Catholique”;
-corps glorieux
-Eutyches.
Vale
Firma»





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